Los guardianes del tiempo

Una familia de relojeros devuelve la vida a mecanismos centenarios. Tienen «overbooking» a causa de la crisis

El local dispone de un laboratorio para recuperar todas las piezas.
El local dispone de un laboratorio para recuperar todas las piezas.

A Coruña / La Voz

El tiempo nunca se detiene en Juan Flórez. De eso se encargan los hermanos Dans, que se han especializado en devolverle la vida a aquellos relojes centenarios que permanecían abandonados en trasteros y garajes, y que ahora quieren recuperar sus dueños, o más bien los descendientes de estos. El buen hacer de esta familia de relojeros, «y yo creo que también ha tenido que ver un poco el boca a boca y la crisis, que todo el mundo se ha puesto a buscar en los cajones», explica Jacobo Dans, ha hecho que su tienda -de más de 250 metros cuadrados- esté tan abarrotada de grandes piezas que han tenido que pedir a sus clientes que vayan dosificando sus entregas para poder tener espacio para trabajar.

«Solemos hacer unas 1.800 reparaciones al mes, y aunque la mayoría son de relojes de pulsera, en los últimos meses nos han llegado muchos de pared y estamos saturados», reconoce Carlos Dans, tras indicar que reciben pedidos de toda España, «y la mayoría de ellos vienen muy tocados». La explicación: que el oficio de relojero no está muy extendido, y cada uno iba tirando como podía, «porque incluso nos han llegado piezas que venían pegadas con pegamento».

Recuperación artesanal

El deterioro que presentan muchos relojes hace que el trabajo de recuperación sea muy laborioso, «y sin duda no es el más rentable», apostilla Carlos Dans, puesto que hay que realizar todo a mano, con sumo cuidado y minuciosidad, a lo que se une que muchas piezas ya no existen debido a la edad de los relojes, y es necesario fabricar unas nuevas. «Acabamos de reparar un reloj de pared del año 1860 que venía con la caja toda pintada de negro y carcomida por la polilla, y la maquinaria era óxido puro. Cuando la limpiamos, vimos que la caja estaba pintada a mano y era una auténtica joya», destaca Jacobo Dans, que también recuerda que una parte muy importante de su trabajo es ajustar toda la maquinaria. «Alguna vez nos ha pasado que una vez arreglado un reloj, al colocarlo en la vivienda no iba bien. Después de muchas vueltas descubrimos que el suelo estaba mal y se había hundido, y esto afectada al funcionamiento del reloj. Cada reloj tiene que quedar perfectamente cuadrado para que no se pare», puntualiza Jacobo Dans.

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