Severo deterioro de uno de los pulmones de la ciudad

Bancos y columpios medio podridos y plagas de procesionaria centran las críticas de los usuarios

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A Coruña

En la mañana del 10 de septiembre de 1996 un extraño movimiento causó una de las mayores catástrofes de A Coruña: el derrumbamiento del vertedero de Bens. Aquel día, unas 100.000 toneladas de basura sepultaron las chabolas y la cala de O Portiño. Bajo esa lengua de residuos también murió Joaquín Serantes, cuyo cadáver jamás fue recuperado. 

Cuatro años después del desastre, el 1 de septiembre del 2000, el basurero fue clausurado. El 5 de junio del 2001, en el Día Mundial del Medio Ambiente, se inauguraba el parque de Bens, una zona verde que se extiende sobre un área de 600.000 metros cuadrados y que contó con un presupuesto de 3.015 millones de las antiguas pesetas. 

El antiguo vertedero se convirtió entonces en una zona natural de ocio y esparcimiento, en un circuito deportivo, en área de juegos infantiles e incluso ahora en un espacio donde los perros disfrutan libres de correas y bozales. 

Pero casi quince años después, ¿cuál es el estado actual del parque de Bens?

Mobiliario urbano. Los usuarios del parque se quejan de la dejadez de las autoridades en cuanto al mantenimiento de los bancos, «que casi se están pudriendo y el barniz y la pintura brillan por su ausencia», indicó Julián Santamaría, un ciudadano que pasea todos los días por el parque.  El descontento también se centra en el mal estado de las señales indicadoras, «que se mantienen en pie porque los postes que las sujetan son de buena madera, no por el cuidado que tienen de ellas». 

Zona de juegos infantiles. Los padres que acuden con sus hijos al área de diversión para los pequeños solicitan «que se restauren los elementos de juego, que se modernicen y, sobre todo, que cambien el piso de arena de uno de los parques por goma amortiguadora», señaló Joaquín Sánchez, un vecino que lleva a sus pequeños a jugar a Bens. 

Embarcación «Blanca Quiroga». La lancha de salvamento de la Cruz Roja acabó sus singladuras en el parque de Bens. Su casco sufre los rigores de la salitre que llega con fuerza desde el mar de O Portiño en forma de óxido, incluso una de sus ventanas está rota y por ella ya asoman hierbajos. 

Campo de ejercicios físicos. El estado de los aparatos «es lamentable», dicen los deportistas que se acercan a Bens. Están ubicados sobre hierba «y cuando llueve apoza el agua y los deja impracticables». 

Plagas de procesionaria del pino. Los visitantes del parque también se quejan de las plagas de este tipo de orugas, peligrosas para los niños y mortal para los perros, y por ello solicitan que se eliminen cuanto antes. 

Césped. Sin lugar a dudas, la hierba del parque continúa pintando de un verde esplendoroso toda la extensión del terreno. 

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