Salieron de choqueiros y volvieron como pitos

Los coruñeses tomaron de nuevo la calle de la Torre en un carnaval con más disfraces que nunca

Cientos de personas celebraron el carnaval en la calle de la Torre, donde se vieron más disfraces que nunca.
Cientos de personas celebraron el carnaval en la calle de la Torre, donde se vieron más disfraces que nunca.

a coruña / la voz

Era un día para quedarse en casa. De sofá y manta. Pero la gente se echó a la calle porque no se inventó temporal que se lleve por delante el carnaval coruñés. ¿Qué es esta fiesta? Dícese de una parranda en la que casi siempre llueve y hace frío y en que la gente se disfraza. Por momentos, cayeron chuzos de punta que obligaron al Ayuntamiento a trasladar a la Grande Obra de Atocha los tradicionales concursos. Para entender esta fiesta de carnaval, distinta a todas las que se celebran a lo largo y ancho del mundo, hay que explicar antes qué es un choqueiro. Dícese de un hombre o una mujer que para disfrazarse no gasta ni en horquillas. Revuelve el armario, busca lo más chillón, lanza la ropa al aire y donde le caiga ahí queda. Los más altos representantes de esta estirpe son los que se divierten solos. Los que salen a la calle sin más compañía que su desvergüenza. Como Álvaro Segade, más conocido como Alvarito. Es el Messi del entroido coruñés. Como él, el Batman que se pasó la tarde calle de la Torre arriba, calle de la Torre abajo. O el esqueleto bailongo.

La calle de la Torre es donde se pavonean los choqueiros. Su sambódromo. Y un embudo también, pues casi media hora se tarda en cruzar el tramo clave, el que baja desde la biblioteca de Monte Alto a la plaza de España. Abarrote total en una tarde de perros. Era tal el gentío, que la gente ocupó también las calles próximas a la de la Torre, como la de San Juan o la de César San José. O la plaza del Coro Cántigas da Terra, donde se celebró un concierto bajo una carpa.

Comparsas

Concierto también dieron las distintas comparsas del carnaval coruñés. Grupos de hombres y mujeres que, ataviados con sus correspondientes uniformes, ponen música y alegría al entroido. Los Kilomberos parece que nacieron con una sonrisa en la boca y un tambor bajo el brazo. No paran. Monte Alto A Cien y los Moracos son otras de las comparsas que dan colorido al carnaval.

A las seis llegó el turno del concurso de disfraces infantil. Alicia Pérez, con su disfraz de Maga, fue la vencedora en la modalidad individual, mientras que Alejandro García se llevó el premio de los choqueiros.

Había disfraces de toda la vida y otros de temporada. Entre los primeros, el de choqueiro, el de aldeano, el de vaquero o el de astronauta. Y, sobre todo, el de cura o el de monja, que volvieron a ser mayoría. De temporada es, por ejemplo, el de Dark Vader o de soldado del imperio. Algunos, perdiendo la estabilidad calle de la Torre abajo. Porque el disfraz siempre tuvo apego por el vino.

A Bin Laden ya no se le encuentra ni en el carnaval. Pasó de moda. Hoy ya no se llevan las caretas de políticos. En el apartado de fauna y flora, destacaron dos hermanos que iban de cocido, y un cazador a lomos de un avestruz de peluche muy logrado. O el lobo feroz, único que no pasó frío. Luego los de siempre, mujeres vestidas de hombres y hombres de mujeres. También chinos, payasos, indios, policías, dragones, carceleros, bailarinas y astronautas

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