«Gil Casares fue un médico visionario en el tratamiento de la tuberculosis»

«Muchos temas de que se ocupó en sus investigaciones están aún sin resolver», afirma esta mñedica doctorada en la Universidade da Coruña


Santiago / La Voz

Miguel Gil Casares (Santiago, 1871-1931) destacó como catedrático de la Facultade de Medicina de la USC, y médico del Hospital Real, por trabajos de Neumología y Cardiología. Pero también se interesó e hizo aportaciones en Pediatría, Hidrología, aparato digestivo y Radiología. Isabel Rego Lijó, médica en Ribeira, analiza su producción y trayectoria, con aspectos en los que fue pionero y alcanzó proyección internacional, en la tesis doctoral que defendió en la Universidade da Coruña. Su investigación la dirigieron Fernando Ponte Hernando y Jorge Teijeiro Vidal.

«La obra de Gil Casares consta de unos cien trabajos. Siempre ejerció en Santiago. Solo salió para participar en congresos y actividades científicas, o de ampliación de estudios, en Cuba, Estados Unidos, Suiza, Alemania e Inglaterra. Su consulta del hospital estaba situada en la ventana que se halla por encima de la puerta de entrada principal del Hostal dos Reis Católicos. Allí había una sala, donde convivían tísicos y otros enfermos crónicos. Eso fue importante, pues le permitió observar cómo la tuberculosis no se contagiaba tan fácilmente como se pensaba», explica.

Isabel se centró en las aportaciones de Gil Casares a la tuberculosis, que «en su tiempo era la enfermedad social por excelencia, el problema sanitario más preocupante, y continuó hasta que llegaron los primeros fármacos eficaces, en la década de 1940». Concluye que «Gil Casares fue un médico visionario en el tratamiento de la tuberculosis. Utilizó los primeros tratamientos eficaces; rechazó como ineficaces vacunas que otros defendían, que después se demostró que eran ineficaces; defendió la herencia como un elemento fundamental en el desarrollo del mal, y hoy sabemos que es cierto, y eso le ocasionó problemas y críticas, incluso del Real Patronato Antituberculoso de Madrid. Fue además un gran difusor de la Radiología como método diagnóstico».

Explica Isabel Rego que Gil Casares polemizó con sus colegas y «reprobó que muchos pacientes morían por los tratamientos que les ofrecían. Él hizo ensayos con un fármaco nuevo, el fluoruro sódico, que se encuentra en cantidades elevadas en aguas medicinales de Galicia. Fue un difusor muy importante del neumotórax terapéutico, la primera técnica quirúrgica efectiva, antes de los primeros fármacos eficaces». En 1925 organizó el primer Congreso Regional Antituberculoso Español, en A Toxa y Mondariz, y promovió el sanatorio de A Lanzada, para niños con tuberculosis extrapulmonar. Se inauguró en 1933, dos años después de su muerte. «Comprobé el acierto de ese proyecto, pues hasta el 90 % se curaban con la terapia que ofrecía, básicamente baños de sol y de agua marina, una talasoterapia. Él eligió la ubicación por los vientos y la temperatura. Se interesaba por el clima de Galicia, un asunto del que discutía la Medicina en su tiempo», añade.

Isabel Rego también estudia la elevada incidencia de tuberculosis entre emigrantes retornados de Latinoamérica en la segunda década del siglo pasado «pues hasta un 80 % venían afectados y no había qué hacerles, por falta de tratamiento eficaz», indica.

A pesar de los avances, no es una enfermedad olvidada, ni mucho menos: «Según el último informe de la OMS, fue la primeera causa de mortalidad a nivel mundial en el 2014; y muchos temas de los que se ocupó Gil Casares en sus investigaciones están aún sin resolver», sostiene.

Isabel Rego Lijo. Médica, se doctoró con la tesis «Doctor Miguel Gil Casares (1871-1931). Obra médica y doctrina tisiológica».

Hospitales. Gil Casares ejerció en el Hospital Real de Santiago y promovió el de A Lanzada. Con el inaugurado en Santiago en 1938, que lleva su nombre, no tuvo relación.

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