«La coral El Eco es la mayor muestra de amor al arte que hay en la ciudad»

«Me sonrojo al pensar que estoy sucediendo a Pascual Veiga o a Chané»


a coruña / la voz

Lleva a la coral El Eco en la sangre. Literalmente. Porque Pedro Martínez Tapia ha pasado veinte de sus 31 años -«recién cumplidos», insiste- ligado al coro que ahora dirige y en el que pusieron voces muchos familiares suyos. El Eco, la más veterana de las corales de España, celebró este pasado sábado sus 134 años de existencia con un concierto en San Nicolás que vino a demostrar la buena salud artística de la que goza.

-¿Cómo llegó a El Eco?

-A mí me viene de familia. Varias tías abuelas mías cantaron aquí hace muchísimos años, y seguro que estarían orgullosísimas de verme dirigiendo la coral. Cuando tenía 10 años se formó la coral infantil que dirigió Pablo Carballido y que terminó convirtiéndose en Cantábile. Ahí comenzó mi relación personal con El Eco, pero mi padre ya cantaba por entonces en la coral. Me fui a Madrid a terminar mi formación como cantante lírico y cuando regresé a A Coruña el actual presidente, Carlos González Garcés, me llamó para contar conmigo en su proyecto. Presentaba su candidatura con Marcel Van Bree como director y yo como subdirector. Dos años después, en el 2012, Marcel se fue a trabajar al sur de Galicia y ya me quedé yo como director. Así que fue todo de una forma progresiva y muy natural, primero cantando, después subdirigiendo y ahora dirigiendo.

-Al frente de una entidad con 134 años de historia.

- Me sonrojo al pensar que estoy sucediendo a Pascual Veiga, a Rodrigo de Santiago, Chané, Baldomir, Velasco... Tanta gente de tanto nivel que da vértigo.

-¿Sigue cantando su padre?

-Sí, ahora soy yo el que riñe. Así tenemos una excusa para vernos más. Porque El Eco es de las corales que más ensaya, cuatro días a la semana.

-Parece un régimen muy exigente.

-Exigir es una palabra un poco dura. No les podemos exigir nada porque no reciben contrapartida alguna. Pero sí que se les pide una responsabilidad. Y cumplen. Sin duda es la mayor muestra de amor al arte que hay en la ciudad. La dedicación de la gente y de las familias, que lo aceptan, es algo admirable. Es emocionante poder contar con estas cincuenta personas que vienen cada día con la mejor de las caras y el máximo ánimo para sacar adelante el repertorio.

-¿Cuál es el perfil de los miembros de la coral?

-Es de lo más heterogéneo. Cada uno viene de sitios diferentes, aunque sí es cierto que hay varios jubilados, porque son los que tienen más tiempo. La más joven tiene 15 años y la mayor... Casi mejor ni decir la edad [ríe]. Hay una cosa cierta, el perfil, no solo en nuestro coro, sino en todos en general, está un poco envejecido. Hay que tener muchas ganas y disponibilidad. Lo que sí tienen en común todos los miembros es que luchan por un mismo fin. Hay mucha unidad y respeto. Se apoyan unos a otros... Y eso les da ganas de venir. El patrimonio que tiene El Eco son sus coralistas, sin ellos no seríamos nada.

-En términos futbolísticos suele decirse que un vestuario unido indica que hay un buen entrenador.

-Para manejar a un grupo de voces amateur, a las que no les puedes exigir como si fueran profesionales, la base está en la motivación, conseguir ser buen patrón de barco y que remen todos en la misma dirección. Y a eso se llega si se consigue que vayan a pasárselo bien.

-¿Su aportación de juventud conlleva también cambios en el repertorio?

-No por ser yo joven vamos a cantar canciones de David Bisbal pasadas al coro. La base del trabajo coral está en la polifonía, donde se aprende a cantar es en las grandes obras clásicas. Lo que no quita que de vez en cuando montemos cosas más festivas. Pero El Eco siempre ha sido el coro de la ópera en la ciudad.

«El Ayuntamiento debería asegurar nuestro futuro como patrimonio de la ciudad»

Dos puntos preocupan actualmente a la coral: su delicado estado de cuentas y el relevo generacional.

-¿Cómo es la situación económica de El Eco actualmente?

- Se ha hecho un préstamo particular por parte de los coralistas. Es un gesto que va más allá de lo razonable. El Ayuntamiento debería garantizar la perviviencia de una institución como El Eco en la ciudad, porque es parte de su historia, de su patrimonio inmaterial. Es órgano oficial del Ayuntamiento, además de otros muchos títulos, por eso desde María Pita no deberían permitir que desapareciese. Son 134 años ininterrumpidos de historia, porque la coral no paró de trabajar ni en la Guerra Civil.

-¿Y cómo se puede buscar un relevo generacional?

-Hay varias formaciones corales jóvenes en la ciudad, bastantes teniendo en cuenta nuestra población y por dónde van las aficiones de hoy en día. Ahí se está plantando una semilla, es donde nace la afición de los que luego demandarán estar en otro coro. Por nuestra parte, nosotros estamos totalmente abiertos a cualquier incorporación.

-Pero es que cantar en El Eco impone respeto, no sé si se atrevería todo el mundo.

-Cantamos bien juntos, pero nadie tiene por qué saber cantar, saber solfeo o ser profesional. Se trabaja desde la base, no se le pide nada a nadie, al margen de unas mínimas condiciones de oído. Pero la mejoría de gente que empezó hace dos años a ahora es exponencial. Gente que no ha cantado lírico en su vida, y que por imitación y bien orientados a nivel técnico tienen una mejora espectacular. Que nadie se sienta asustado por venir a probar. No hay límites de edad, todos son bienvenidos.

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