La fiebre de los tres días

Con este nombre bautizaron a la primera oleada de gripe del año 1918, que pasaría a ser pandemia

El virus llegó a la ciudad a través del ferrocarril.
El virus llegó a la ciudad a través del ferrocarril.

Los médicos estaban desconcertados. La epidemia se extendía rápidamente y no acababan de concretar de qué enfermedad se trataba. Parecía gripe, pero algunos síntomas no coincidían. Además, en los análisis bacteriológicos no encontraban, en las secreciones nasofaríngeas de los enfermos, el bacilo de Pfeiffer que, identificado en 1892, era considerado el causante de esa enfermedad. Estaban equivocados, desde 1933 sabemos que el responsable de la gripe es un virus y que dicha bacteria solo produce infecciones sobreañadidas.

Las primeras noticias aparecieron en la prensa de Madrid el 21 de mayo de 1918. Comentaban que desde hacía varios días la ciudad se encontraba bajo los efectos de una epidemia que provocaba dolor de cabeza y de las articulaciones, escalofríos, flojedad general, fiebre, vómitos y diarreas, obligando al paciente a guardar cama durante tres o cuatro días. Poco después los periódicos hablaban de miles de afectados ya que, aunque benigno, el mal atacaba con especial virulencia y se extendía con mucha rapidez. Nadie estaba a salvo del contagio. La dolencia no distinguía ni rangos ni clases sociales atacando a todos: soldados, obreros, oficinistas, diputados e incluso al rey Alfonso XIII. Como los médicos dudaban, los periodistas la llamaron eufemísticamente la «enfermedad de moda», la «enfermedad reinante» o la «fiebre de los tres días».

Procedente de Madrid, la epidemia llegó a la ciudad de A Coruña en ferrocarril, transmitida probablemente por los empleados de Correos. El 24 de junio El Orzán informó que en las oficinas coruñesas, cuatro carteros se dieron de baja de repente afectados todos del mismo mal, presentando iguales síntomas otros cinco o seis. Como se suponía que el medio de contagio habían sido las sacas de correspondencia, las brigadas sanitarias del Ayuntamiento procedieron a desinfectar las dependencias de Correos y Telégrafos, en especial las de cartería.

También a partir de ese día en la estación de ferrocarril de A Gaiteira, tras la llegada de los trenes correo de Madrid, las sacas serían sometidas a desinfección durante dos horas bajo la acción de los vapores de formol. El 30 ya había más de un centenar de personas contagiadas, atacando a los empleados de Tranvías y de Hacienda así como a los guardias civiles que habían prestado servicio en los trenes. Su número se incrementaría en los días sucesivos debido a la extensión de la enfermedad por los cuarteles. Considerando su origen, jocosamente la gente la apodó con el nombre de «la gripe postal».

El número de aquejados en A Coruña no fue tan grande como en otras ciudades españolas. En la mayoría de los casos la enfermedad no revistió gravedad, aunque causó la muerte a aquellos que padecían trastornos crónicos respiratorios. Paulatinamente, la epidemia decreció durante el mes de junio hasta desaparecer. Fue la primera oleada de la llamada «gripe española». Volvería en septiembre, pero con una reforzada malignidad que causaría una de las mayores pandemias mortales de la historia.

Historias con Historia

La epidemia llegó en tren, transmitida posiblemente por empleados de Correos

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