Adiós a los Ninis, llegan los Sisis

La generación Sisi. Acuden a clase por las mañanas y se esfuerzan por las tardes para tener un sueldo a final de mes. Se pagan ellos su matrícula y saben lo duro que es compaginar los libros y un contrato laboral. ¿Quién dijo que los jóvenes de ahora ni estudian ni trabajan?


Después de los exámenes de julio, «en los que mis notas no fueron las esperadas», la ferrolana Icía Alonso, estudiante del tercer curso de Sociología en la Universidade da Coruña, empezó a echar currículos para trabajar: «No me concedieron la beca y tenía que rematricularme en varias asignaturas, decidí que no iban a ser mis padres quienes pagasen mi matrícula». A los pocos días, empezó a trabajar de camarera en el restaurante Nautic, en A Graña (Ferrol), a solo unos metros de su casa. Desde septiembre, ya no acude a diario, sino solo los fines de semana: «Pensé que iba a ser difícil compaginar las dos cosas, así que ahora solo echo una mano cuando me avisan». 

Icía ya había trabajado el verano pasado, aunque fue este, con su primera experiencia en la hostelería, cuando ha empezado a valorar más los estudios: «En mis últimos días trabajando en verano pensaba, y sigo pensando ?este año tengo que estudiar mucho, ahora sé lo que le cuesta a mis padres pagarme la matrícula». Aún así, esta estudiante de la UDC saca muchas cosas positivas de compaginar vida académica y laboral: «Me ha servido principalmente para saber trabajar en equipo, a ser disciplinada, a saber tratar a la gente, no puedo atender a un cliente de la misma forma que hablo a mis amigas». Cree que el trabajo «te hace ver las cosas de manera diferente, te hace valorar más los estudios, te hace ser consciente de lo que cuesta una matrícula, unas tasas o simplemente todo lo que necesitamos para poder estudiar». 

Los SISI ya no son unos pocos, sino que cada vez son más. «Tengo bastantes amigos que hacen ambas cosas, ya sea porque necesitan pagarse los estudios, para conseguir unos ahorros o para ir formándose». Icía tiene claro que su prioridad es el grado que cursa en la UDC: «Seguiré trabajando siempre que pueda compaginarlo, en el momento en que vea que no puedo, tendría que dejarlo». De momento está encantada de ser una SISI.

Blanca, coruñesa de 25 años, conoce desde joven el esfuerzo que supone estudiar y trabajar al mismo tiempo. Con 20 años empezó a «echar una mano» en el restaurante de sus abuelos al tiempo que empezó por la UNED la carrera de Psicología. Así estuvo cuatro años hasta que este curso, al jubilarse sus abuelos, decidió continuar sus estudios de forma presencial en la Universidade de Santiago. Se matriculó en tercero del grado y a los pocos días empezó a buscar un trabajo: «Quería poder pagarme yo los gastos, no me siento bien si me tienen que dar dinero, porque ya no soy una chica de 18 años que empieza a estudiar». Señala que sus abuelos siempre le han inculcado la importancia del trabajo: «Cuando dije que me venía a Santiago, ya me preguntaron si iba a trabajar en algo». 

La tarea de encontrar un contrato compatible con el horario de un estudiante no fue difícil: «La verdad es que hay bastante trabajo a media jornada». Así que unas semanas después de haber iniciado las clases, Blanca comenzó en una pizzería: «Ya había trabajado en una en A Coruña, así que con experiencia, me cogieron pronto». Aunque esta joven coruñesa ya había sido SISI durante cuatro años, su nueva situación académica y laboral le exige mayor esfuerzo: «Me cuesta bastante más, porque en la UNED estás solo y te organizas tú, pero ahora tengo que ir a clase, y a veces salgo tarde de trabajar, a las once y media o doce, y luego para levantarme a la mañana siguiente, me siento cansada». Aún así, Blanca prefiere estudiar en la modalidad presencial que a distancia: «Tengo la sensación de que aprendo más». 

A la pizzería donde trabaja acude a diario, con uno o dos días libres a la semana: «Si me coincide librar el viernes o sábado, aprovecho y voy ese fin de semana a A Coruña». De momento, esta joven tiene la intención de seguir compaginando estudios y trabajo. Hasta el momento le ha ido bien, aunque se muestra prudente: «Voy a esperar a los exámenes, a ver que tal las notas, como es mi primer curso presencial, no sé como resultará». Aunque tiene claro que «este trabajo lo veo como algo provisional, me gustaría dentro de un tiempo poder trabajar de lo mío, de lo que estudio, el trabajo físico es muy duro».

Si uno de los objetivos principales de la universidad es formar a los futuros trabajadores, preparar a los alumnos para el mundo real, Nacho Paz (Ferrol, 25 años) puso la dosis de realismo nada más empezar sus estudios superiores. Al segundo año ya estaba compatibilizando clases y cuadrantes laborales. En su caso, al mudarse a otra ciudad, no le quedó otra para ayudar con los gastos. «Vivo independizado en A Coruña», apunta. Primero estudió Terapia Ocupacional y ahora cursa el último año del Grado de Enfermería. «Entre el trabajo y las prácticas en el Chuac hago a la semana más de 60 horas. Esta serán unas 65», señala. Al llegar a casa solo le apetece una cosa, «dormir», y al preguntarle dónde le han puesto más trabas, sorprende con su respuesta: «la facultad». «Los profesores muchas veces no se dan cuenta de la realidad de los alumnos, y mira que no paran de repetirnos que debemos prepararnos para el mercado laboral que nos espera. A mí me llegaron a decir que tenía que elegir: o trabajar o estudiar. Mientras, en la tienda han sido más flexibles a la hora de cambiar algún turno para asistir a clase», reconoce. «Aunque tienes la opción de hacer la matrícula parcial -explica-, no siempre puedes adaptarte a los horarios de clase». Nacho trabaja desde hace seis años como dependiente en una cadena de ropa. «Es una empresa sueca y creo que eso también influye. Tienen más interiorizado eso de conciliar», comenta. Precisamente, una de sus compañeras de faena es también universitaria. A Jessica Pérez (A Coruña, 26 años) solo le queda el Trabajo de Fin de Grado para terminar Administración y Dirección de Empresas. «De no ser por mi empleo nunca podría haberme sacado la carrera?, subraya. «Tuve que ayudar con los gastos», dice Jessica. Lo de que los jóvenes españoles son unos ?ninis? desde luego no va con ellos. «Si hubiera más oportunidades estoy seguro de que seríamos muchos más los que compaginaríamos ambas facetas», asegura Nacho. «Hay de todo, también hay quien se acomoda a que todo se lo paguen los padres y luego lo toman con calma. Yo animo a todos a que se atrevan a incorporarse al mundo laboral antes incluso de terminar los estudios», añade Jessica. «Aprendes a rentabilizar más el tiempo», concluye. En unos cinco años a Nacho le gustaría verse trabajando, pero de lo suyo, y «¡solo eso!». En nada tendrá ya dos carreras y mucha trayectoria profesional a sus espaldas.

Tiene 25 años. Neida de Andrade Dos Santos es originaria de Cabo Verde aunque desde muy pequeña reside en la capital ourensana. Ha terminado la carrera de Turismo y ahora cursa el tercer curso de Administración y Dirección de Empresas (ADE). Sus padres ya no están en España, viven desde hace años en Estados Unidos, pero ella ha decidido quedarse. Esa es una de las muchas razones por las que desde hace años trabaja para poder pagarse sus estudios y la vivienda que comparte con otra persona. La falta de oportunidades laborales, tras terminar la primera carrera, Turismo, le hizo recapacitar sobre su futuro. Y creyó que debía seguir formándose. «Llevo ya varios años trabajando mientras estudio. Es cansado. Pero hay que saber organizarse», afirma. 

   Acude toda la semana al hostal La Rotonda de Ourense, cerca de la estación de ferrocarril. Y la mayoría de los días trabaja media jornada. Asegura que la única manera de combinar ambas cosas y poder disfrutar de la vida, es quitar horas de sueño. Sin embargo, Neida de Andrade habla de forma positiva: «La verdad es que siempre he aprobado todo y nunca he tenido problemas. Aunque muchas amigas me preguntan ?¿Cómo lo haces??. Yo les digo que creo que la vida te pone ante situaciones a las que tienes que adaptarte. Y lo haces». 

No sale mucho de fiesta, pero subraya que tiene muy buenas amigas que van a su casa siempre que pueden para pasar un rato divertido. «En el último curso de Turismo ya empecé a trabajar. Así que te vas acostumbrando. Tenía claro que quería hacer ADE porque quiero tener más oportunidades fuera, porque en Ourense no hay muchas salidas. Y eso me obligaba a trabajar para poder pagarla. Es lo que tengo que hacer si quiero seguir estudiando. Es lo que toca, sacrificarse un poco», dice. 

Es feliz con su estilo de vida, porque tiene claras cuáles son sus metas. «Hago lo que quiero y de momento lo puedo llevar bien, aunque  tengo amigas que dejaron de trabajar porque las notas no les iban bien», afirma. 

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