El taconeo agradecido de una artista prodigiosa

Javier Becerra
Javier becerra A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

03 nov 2015 . Actualizado a las 12:46 h.

Decía Sara Baras en una reciente entrevista que dio a La Voz que, resumiendo, el flamenco era su vida. En ella se debe dar las gracias a quienes marcan a uno el camino de la felicidad y la plenitud. La bailarora gaditana, que desprende ambas cosas, lo tiene claro. En lo artístico son Paco de Lucía, Camarón de la Isla, Antonio Gades, Enrique Morente, Moraíto y Carmen Amaya. A ellos honra cada vez que representa Voces. El sábado el agradecimiento se conjuró en A Coruña. Y emocionó, vaya si emocionó.

La artista se plantó en el escenario con el respaldo del todo vendido (1.729 localidades). La seguridad de un espectáculo representando decenas de veces. Y la sobriedad que exige la temática. Ahí entre claroscuros, maestros hablando desde el más allá y puntuales explosiones de color trenzó Voces. Entusiasmó. Cuando en el intermedio, la artista se dirigió al público, recibiendo un baño de adoración, se intuía el apoteósico final.

Este concluyó con Sara hablándole de tú a tú a la audiencia, proclamando su amor a Galicia («aunque me conozcáis por Baras, mi otro apellido es Pereira y tengo por mis venas sangre de aquí», dijo) y dejando la sensación en la audiencia de estar ante algo excepcional.

Durante la hora y media anterior había invocado con su cuerpo a los fantasmas de los mitos. Lo más intenso se produjo en la parte central, con Baras en pantalones bailando consigo misma y erizando la piel de la audiencia a golpe de punta, tacón y pundonor. Todo para, al final, mirar a lo alto y, sin palabras, dar las gracias a esos maestros que le enseñaron un camino en el que brilla como la estrella rutilante que es.

Sara Baras Palacio de la Ópera, 31 octubre, lleno. Cavea Producciones