«¿Nietos? para mi son otros hijos»

Algunos dedican hasta siete horas al día a ocuparse de sus nietos. cientos de mayores gallegos estrenan trabajo más allá de los sesenta: son los superabuelos.


Yo de súper no tengo nada, soy muy normal, no me exageres la cosa». Así de claro lo deja José Antonio Aba, Tito, uno de los miles de abuelos que dedica varias horas al día a echar una mano con sus cinco nietos. A dos de ellos los recoge a las cinco en el colegio y, si no toca fútbol, se los lleva a su casa, les da la merienda, se encarga de que hagan los deberes y, ya caída la noche, los lleva hasta su casa y supervisa baños, hace la cena y los deja casi listos para el día siguiente. Cuando toca fútbol les acompaña a los entrenamientos y si hay que echar una mano con los otros tres, pues también se echa.  

Pero el, como otros miles de abuelos, se quita importancia. «Estoy ejerciendo yo mucho más porque el resto de abuelos viven fuera, y como tengo todas las horas del mundo me llaman y estoy ahí siempre. Pero no es que me desagrade ¿eh?». Tito reconoce que lo hace por sus hijas, que saben que siempre pueden recurrir a el si tienen un problema, «pero les quiero un montón, y para mi es como si fueran otros hijos». 

 El presidente de la Asociación de abuelas y abuelos en España, Francisco Muñoz, recordaba hace poco que cuando los hijos reclamen ayuda a los mayores con el cuidado de los hijos de manera prolongada, «estos tienen que actuar de forma voluntaria y solo cuando sea necesario, pero no por la imposición o capricho». Las cifras hablan por si solas: uno de cada cuatro abuelos cuida de sus nietos en España, y les dedican una media de siete horas diarias, dos más que la media europea, según datos de la Encuesta de Salud, Envejecimiento y Jubilación de Europa (Share). 

¿Un gran sacrificio? La mayoría de los mayores dejarían de comer si viesen a sus nietos pasar necesidad, y casi todos los que ayudan lo hacen encantados. «No viviría mejor sin ellos ?explica Tito?. Para mí es una manera de pasar mejor el tiempo, porque además estoy viudo. Hay gente que va a andar o queda con los amigos, yo trabajé siempre fuera de A Coruña y los amigos los dejé fuera. Mi vida está centrada en ellos, pero no me siento obligado para nada. Cuando falten no lo voy a pasar nada bien».

A veces los abuelos tienen incluso más paciencia que los propios padres: «Hombre, si un día están un poco pesaditos pues te cansa, pero yo me lo paso bomba con ellos, conversan conmigo, me cuentan sus historias y yo me meto con ellos y estoy en su onda. Hay tanta confianza que parezco de su pandilla. (bromea) Somos amiguetes». 

Sus hijas reconocen que no se puede pagar una ayuda así. Ya lo dejaba claro recientemente, Luis Marín, presidente de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España, cuando aseguraba que «si los abuelos que cuidan a sus nietos se pusieran en huelga se paralizaría el país». Y también se ha dado cuenta del importante papel que juegan los abuelos el Gobierno británico, que ha dado un paso más y anunció esta misma semana un plan para permitir que los abuelos compartan el permiso de maternidad y paternidad con los padres. 

Y es que, además, la ayuda de los mayores no es solo presencial. Los datos del informe Educo aseguran que un 20% de los abuelos destina un 40% o más de sus ingresos mensuales a ayudar a sus hijos y nietos, lo que supone una media de 290 euros al mes. Esto significa, en algunos casos, y más aún en tiempos de crisis, que ellos están reduciendo gastos en aspectos básicos para poder ayudar a sus hijos y nietos.  Un 46% de los abuelos ha reducido el gasto en tratamientos y servicios de salud. Otro porcentaje similar ha bajado el  gasto en el consumo de luz. 

Pero todo esfuerzo es poco cuando se habla de nietos. Lino Rey Pérez y Elisa Lema Suárez, de Vimianzo, se encargan a diario de Uxía, una pequeña de centelleantes ojos azules que es tremendamente activa. Lino se alegra de que «os nenos de agora poidan ter o que a nós nos faltou. Xa ía sendo hora». A la abuela a veces le parece demasiado, porque «entre os que lle regalan e os que se lle compran, hai xoguetes por todos os lados e a casa é toda dela». Sin embargo, donde más disfruta ?y de ahí que la abuela piense que no tiene nada que ver el criarse en el campo con hacerlo en la ciudad? «é cando sae a ver as galiñas». De hecho, «en canto escoita un tractor ponse toda contenta». Por todo eso, por el cariño que les da y lo ocupados que los mantiene, Elisa lo tiene más que claro: «Isto non é traballo, é alegría».

 JOSÉ ANTONIO ABA (A CORUÑA)

«Yo no tengo que estar con el látigo en la mano»

Jose Antonio, Tito, ayuda también a algunos de sus nietos con los deberes. «Yo les explico cuando no entienden algo y lo van cogiendo. A veces tengo que apagarles la tele pero me obedecen y no hay discusiones. No tengo que estar con el látigo en la mano». Su casa está llena de gente hasta última hora, cuando se queda solo. Echar una mano con sus nietos para el es uno de los motivos que le hacen sentirse más feliz y asegura que no se siente obligado. «Para nada».

 ELISA LEMA Y LINO REY (VIMIANZO)

«Isto non é traballo, é alegría»

Uxía Caamaño Rey, a sus 14 meses, ya va a la guardería por las mañanas y saluda con un «¡ola!» cargado de vida a todo el que se le cruza por delante. Eso sí, por las tarde, mientras sus padres trabajan, es patrimonio casi exclusivo de Lino Rey Pérez y Elisa Lema Suárez, dos orgullosos y activos abuelos, ambos jubilados que se desviven por ella y a los que la pequeña devuelve a una nueva juventud. «Cando estou eu na casa son o principal, porque doulle os mimos todos e os outros quítanlle algúns», se reivindica el abuelo, que destaca que «con ela na casa hai fartura», porque la alegra la existencia a todos. | JOSE MANUEL CASAL

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