Casi 60.000 vecinos abandonaron la ciudad en los últimos siete años

El saldo migratorio fue positivo, pese a la crisis, en unas 2.700 personas


A CORUÑA / LA VOZ

La población de A Coruña se mueve mucho más de lo que parece. Tanto que según los datos de saldos migratorios del INE de la ciudad se fueron 58.246 personas entre el 2008 y el 2014, es decir, desde el inicio de la crisis; y entraron en ella 60.961 personas en ese mismo período. El saldo migratorio fue, pues, positivo pese al efecto de la situación económica, aunque los datos estadísticos hay que leerlos con cierta prudencia.

De entrada, porque las variaciones en los censos no siempre reflejan la realidad -la gente se va o llega sin borrarse ni inscribirse en los ayuntamientos-, y porque la misma persona puede entrar y salir varias veces en esos años, computando pues, en todas esas ocasiones.

Pero más allá de las imprecisiones, las cifras el INE sirven para constatar que los forasteros, en A Coruña, cada vez hay menos, y que no solo subió la emigración al extranjero durante la crisis, sino que la ciudad perdió tirón como foco de atracción para la inmigración.

Al extranjero salieron desde el 2008 y hasta el año pasado 7.081 vecinos residentes, y del extranjero entraron 11.301 nuevos habitantes. Pero si eran 2.447 los que llegaban en el 2008, en el 2013, por ejemplo, se redujo esa cifra a menos de la mitad. El 2013 fue, además, el primer ejercicio en mucho tiempo en que el número de emigrantes superó al de inmigrantes de fuera del territorio nacional.

Con el resto de España

Pero donde más se nota la movilidad no es con otros países, sino con Galicia y el resto de España. Así, el intercambio con el territorio nacional supuso la llegada de 49.660 personas y la salida de 51.165. Ahí sí que el saldo sale negativo para la urbe, seguramente por las necesidades del mercado laboral, que llevó a muchos a buscar oportunidades fuera de A Coruña.

En el caso de la comarca, los cinco municipios del entorno metropolitano de la urbe -Arteixo, Culleredo, Cambre, Oleiros y Sada- se comportaron de modo distinto: hubo bastantes más entradas que salidas, con un saldo positivo de cerca de 6.500 censados. Eso sí, el área metropolitana viene marcada por unas características especiales, y es que esos ayuntamientos siguen absorbiendo población procedente de A Coruña.

Oleiros, Culleredo y Arteixo son, por este orden, los municipios que más población atrajeron. Siguen la misma secuencia en las cifras de salidas, si bien con menos diferencias.

En todo caso, tanto en A Coruña como en su área los saldos migratorios son casi siempre positivos -no significa que suba la población, porque en la ecuación no entran natalidad ni defunciones- y los únicos casos donde figuran más bajas que altas en el censo son Paderne, Sobrado, Vilasantar y Mesía. El caso más curioso es el de Aranga, donde según consta en el INE, entraron 363 y salieron otros tantos.

Medido en porcentajes, Sada fue el mayor foco de atracción, en esos años hubo más de un 40?% de inmigración sobre la población total, mientras que en A Coruña rozó el 25 %.

Más emigración de la reflejada

Las estadísticas son lo que son, y hay que cogerlas con prudencia. Los datos ofrecen tendencias y sirven para hacerse una composición de lugar, pero deben ser leídos con cierta cautela en muchos aspectos. Lo explica la profesora Antía Pérez Caramés cuando aclara que la emigración real al extranjero, más compleja de medir que la nacional, es mucho mayor de la que aparece en los listados del INE.

Así, en la población nacional que se va, hace falta que esos vecinos pasen por el padrón para darse de baja antes de coger el avión, algo que muy pocos hacen, pues es un trámite totalmente innecesario. Es más, muchos no desean hacerlo por no perder derechos o porque salen para hacer frente a una situación temporal con perspectiva de regresar a corto o medio plazo.

La infraestimación del INE se corrige en parte con los datos de las embajadas y consulados, en los que algunos de los emigrantes nacionales se dan de alta, pero de nuevo no se trata de un trámite imprescindible y de nuevo muchos no lo hacen, dependiendo de los países y de las exigencias y necesidades en cada uno de ellos.

Hay otros métodos para hacer que vayan aflorando los datos reales de los censos, pero el acierto absoluto es imposible y de nuevo hay que quedarse con la afinación. La estadística, pues, tiene muchas lecturas.

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Casi 60.000 vecinos abandonaron la ciudad en los últimos siete años