Ampliación de Lavedra, ya


Me pongo en la piel del conductor que, el pasado jueves, mientras estaba atrapado en el enésimo atasco de Lavedra, escuchó en la radio al concejal de Urbanismo anunciar que paralizaría la ampliación de esa avenida. Porque sí, porque así lo había decidido el gobierno minoritario que gobierna para las minorías. Como la realidad ciudadana es más terca que los dogmas de la Marea, me atrevo a decir que ese conductor, y los otros 80.000 que circulan por Lavedra a diario, así como sus miles de acompañantes, votarían «sí» en un teórico referéndum sobre la conveniencia de ampliar Alfonso Molina. Pero eso es lo de menos para el partido mareante, que parece habitar en una realidad paralela.

Estamos ante un gobierno que cuando toca adoptar grandes decisiones opta por tomar indecisiones. Y así conseguirá parar el PIB de la ciudad igual que seguirá atascando el tráfico de Lavedra. En el caso de Alfonso Molina es evidente esa parálisis. Porque primero el concejal de Urbanismo anunció que suspendería la actuación, pero al poco reculó para anunciar una inconcreta revisión del proyecto en la que se primaría la «humanización». Todo ello sin consultar más que con su almohada y, se supone, con el señor Ferreiro. A mi juicio, los grandes proyectos de ciudad requieren un amplio consenso, y no solo el criterio único de un gobierno en minoría. Y más cuando la mayoría del pleno cree necesario iniciar ya esta obra. 

Lo vista como lo vista la Marea, estamos ante el frenazo de un proyecto cuya ejecución era urgente (aunque sin duda aliviados por la apertura de la tercera ronda) y que, tras 25 años de espera, había pasado al fin todos los filtros técnicos y administrativos, a falta únicamente de la aprobación en el Consejo de Ministros. En la práctica, ponerse ahora a repensar el proyecto es posponerlo sine die, y sembrar dudas sobre su financiación, que iba a asumir en su integridad (10 millones de euros) la concesionaria de la autopista. En suma, supone en todo caso dilatarlo y, probablemente, poner en grave peligro su ejecución. Y todo ello justificado con el difuso criterio de «humanización», cuando el que han tumbado era un proyecto ya humanizado, como lo prueba el hecho de que contemplaba zonas verdes en los ampliados arcenes, así como pasarelas peatonales solicitadas por los vecinos, por esa «gente» cuya representación total se atribuye constantemente, sin que nadie se la haya dado, la Marea. 

Ferreiro y su grupo retoman así los peores clichés del ominoso pasado: esta renuncia a la ampliación inmediata de Alfonso Molina me recuerda a aquellos visionarios que, tantos años atrás, se oponían a la construcción de la AP-9 por ver «unha navallada na terra». Es preocupante que las primeras actuaciones destacadas de este gobierno local hayan consistido en eliminar eventos de arraigada tradición o en anular o retrasar obras. Porque esto último supone, en general, menos empleo, menos movilidad y menos futuro para la ciudad, a la que la Marea va camino de sumir en un estado de hibernación. Los concejales del PP nos rebelamos contra ello, y seguiremos defendiendo unas infraestructuras a la altura de las que nuestra Coruña merece. Porque somos partidarios de hacer, y no de deshacer, ciudad. Ay, Marea.

Por Carlos Negreira Portavoz del PP en A Coruña

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