«Me siento como en otro planeta»

Alba Aguión, una coruñesa que estudia la actividad de las bacterias en climas extremos, probablemente es ahora mismo la gallega que vive más al norte del planeta

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redacción / la voz

Cuando Alba Aguión sale a trabajar se pertrecha con ropa de abrigo, sus útiles de trabajo para tomar muestras en un glaciar, una pistola de bengalas, un kit de primeros auxilios, un teléfono con conexión vía satélite y un rifle. Así las gastan en las islas Svalbard, donde, según cuenta esta joven coruñesa, hay más osos polares que personas: «He tenido que aprender a manejar el rifle. Todo aquel que salga del poblado tiene la obligación de llevar uno». Explica que, cada vez que sale hacia el glaciar en el que trabaja, tiene que recoger el arma y demostrar que es capaz de cargarla: «Además hay que dejar por escrito a qué hora sales y a qué hora piensas volver para que, en caso de que te ocurra algo, puedan avisar a los servicios de emergencia».

Pero ¿dónde vive Alba, que hay que tomar tantas medidas de seguridad? Alba hace tres semanas que se instaló en las islas Svalbard, concretamente en Longyearbyen, que es la población más septentrional del archipiélago. Así que, aunque nunca se puede decir con seguridad, Alba Aguión es probablemente la gallega más al norte del planeta. Está allí haciendo su tesis de fin de máster por la Universidad de York, que consiste en vigilar la intensa actividad de las bacterias en un clima tan extremo como el del glaciar: «No, no he visto ningún oso. Eso sí, trabajo rodeada de renos y de zorros árticos», dice Alba, que es consciente de que está viviendo en un lugar muy especial: «Los paisajes son espectaculares. Es algo que hay que ver y sentir para poder entenderlo». Por si fuera poco, está en medio del famoso sol de medianoche: «Es más duro acostumbrarse a esas 24 horas de luz que al frío. No es fácil conciliar el sueño. La verdad es que me siento como en otro planeta, pero me alegro de estar aquí en esta época del año. Estoy segura de que a la noche polar es más difícil adaptarse».

Alba tiene 25 años y una licenciatura en Biología por la USC con doble especialidad en biología marina y zoología, con premio fin de carrera. Cuando acabe este proyecto recibirá el título de su máster en ecología y gestión ambiental. Pese a todo, cree que no le será fácil encontrar trabajo en España. Pero tras esas perspectivas, Alba guarda un bonito discurso: «Decidí estudiar Biología sabiendo lo duro que es salir adelante en este campo. Pero lo que busco es disfrutar y aprender de ella todo lo que pueda mientras tenga la oportunidad. Estoy orgullosa de haber elegido esta carrera y animo a cualquier estudiante que lea esto a que se deje guiar por sus sueños. Con constancia y sacrificio las oportunidades llegan, aunque siempre haya algún bache en el camino». En medio del sol de medianoche, Alba sigue persiguiendo sus metas, sin arredrarse ni ante el frío, ni ante los osos a los que seguramente le gustaría ver antes de regresar a casa. Allí, en la gran extensión ártica, una gallega sueña.

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