Dos críos, un baúl y un barco a Venezuela

La Voz reúne al fotógrafo Alberto Martí con los protagonistas de la icónica foto de la emigración, 55 años después

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«Era máis alto que ahora». Es la primera impresión de Jesús Mallón Otero al reencontrarse con Alberto Martí Villardefrancos. Han pasado 55 años sin verse y el veterano fotógrafo va camino de los 94 años. «Eu xa teño 70», apunta Antonio, hermano de Jesús, para evocar luego la primera, y única vez hasta el reencuentro del pasado miércoles, que se habían visto los tres: «Era o 5 de marzo de 1960 cando chegamos ao porto da Coruña». Fue poco antes de la una de la tarde y el Begoña, un trasatlántico que hacía la ruta entre Europa y el Caribe llevando emigrantes hasta en las bodegas de carga, había zarpado una hora antes. Ellos estaban desolados, al lado de una maleta y de un voluminoso baúl. Su madre, María Otero, se había ido a buscar una solución para que su hijo pudiera seguir viaje: «Foi ver a un veciño noso, Barcia, do Val do Dubra, que estaba na Coruña». Y mientras, Alberto Martí hizo su labor: «Díxonos ti ponte aquí, ti senta na maleta...», evoca Antonio, ahora sentado en la biblioteca del Centro Galego de Artes da Imaxe, en A Coruña, donde su director, Guillermo Escrigras, preparó una copia del original de la  famosa foto para cada uno de los hermanos. En la parte posterior de la imagen, Martí escribe unas palabras de cariño, después de recordar que además de dicho vecino también ayudó a los Mallón un sacerdote, José  Luis Blanco, que asesoraba a los entonces emigrantes con problemas. Antonio recuerda cómo en el puerto coruñés, los dueños de una lancha se habían ofrecido tratar de acercarlos al trasatlántico en ruta, pero les asustaba el volumen del baúl que llevaban. Descartaron esta solución. «Miña nai traía cartos pero para vir a Coruña e volver para a casa, non para ir a Vigo e pagar unha pensión», explica Antonio. El Begoña tenía previsto hacer escala en dicho puerto y la solución cogerlo allí.

Antonio, entonces con 14 años, era el que se marchaba para Venezuela donde estaban, desde 1955, su padre, José, y su hermano mayor, Agustín Manuel. Jesús se quedaba con su madre.

 Hasta A Coruña debería haberlos traído un coche «pero tiña outra viaxe». Por ello recurrieron a un camión que traía una carga de madera para Carballo donde, tras descargar, siguieron hasta el puerto coruñés. Un inoportuno pinchazo, de los de entonces, hizo que llegaran tarde y perdieran el barco. Todo esto le contaron entonces a Alberto Martí, «estivo moito tempo falando con nós». Mientras tanto, la madre encontró ayuda y esa misma tarde se marcharon para Vigo, donde estuvieron el sábado y el domingo por la tarde Antonio embarcó en el Begoña, con su maleta y su baúl.

Ese domingo, día 7 de marzo, en la primera página de La Voz de Galicia, se publicaba por primera vez la fotografía de Martí con escueto título: «Ya había marchado el barco». Y ahí estaban los dos hermanos Mallón con sus caras de  preocupación y el equipaje de Antonio. 

«Pero, ¿qué levaba nese baúl?», le pregunta Ramón Villares, presidente del Consello da Cultura Galega, durante el encuentro en el CGAI. Esta institución, junto con la Xunta, promovió la exposición Os Adeuses, con imágenes de Alberto Martí sobre la emigración gallega, siendo esta fotografía una de las que figura en la misma. Antonio sonríe: «Co que iba no baúl paguei a viaxe e aínda deberon sobrar cartos». Más misterio hasta que detalla: «No baúl iban 96 botellas, casi todas de coñá, (aínda vive o home que o preparou con palla no fondo para que non romperan as botellas), e miña nai púxolle tamén roupa por encima e chegaron todas alá». Reconoce que al embarcar le comentaron que el baúl «pesaba como o plomo» pero no le pusieron ningún inconveniente, ni tampoco al llegar a Venezuela. Resuelto el misterio, entre risas, sobre todo después de conocer el destino definitivo del licor que, después de once días de viaje, el 18 de marzo de 1960, llegó al puerto de La Guaira y de ahí, ya con la ayuda de su padre, se cargó en otro vehículo para recorrer casi 500 kilómetros hasta Barquisimeto. Era donde estaba el colegio de los Jesuitas, cuya cantina regentaba José Mallón. La finalidad de las botellas era la venta de las mismas, aunque algunas también eran para regalar. 

Antonio comenta que nunca llegó a hablar de ello con su familia y por lo tanto no sabe cuanto costó su viaje, pero sí sabe que su padre, cinco años antes, había pagado 11.000 pesetas. Recuerda que en aquel momento había muchos gallegos en el país. «Ahora hai 46.000 galegos en Venezuela», le apunta Antonio Rodríguez Miranda, secretario general de emigración, que sigue con atención el relato de Antonio y de sus 45 años en el país caribeño donde se casó «cunha veciña de Val do Dubra que tamén estaba alí». Lo hizo en 1967, un año después de instalarse en Caracas, donde trabajó de cocinero y puso en marcha negocios de hostelería. Lo más duro fue la muerte de su hermano mayor, «morreu moi novo» por un problema de riñón. La primera vez que Antonio regresó a Galicia fue en 1972. Hace una década regresó definitivamente para vivir en Compostela.

Otro hermano de Antonio fue quien le comentó por primera vez que había visto la foto de Martí en el libro Historia de la Fotografía en España. Años después, Antonio y Jesús entraron a ver una exposición que había en la Rúa do Vilar, en Santiago y allí estaba colgada la foto. Era la exposición Os Adeuses. En el reencuentro con Martí, los dos hermanos también se llevaron un catálogo de esta muestra. Luego, en el puerto de A Coruña, evocaron una imagen que ha marcado sus vidas y se ha convertido en un icono de la emigración gallega. Curtidos marineros mostraban su curiosidad viendo al veterano fotógrafo, esta vez posando, y a los Mallón evocando aquellos dos críos con sus boinas, sus caras de tristeza por el barco perdido y su misterioso y enorme baúl.

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