«El Oncológico es como mi segunda casa. Aquí es donde quiero estar»

Todo lo que la rodea en el hospital lleva el nombre o el sello de su padre


María Veiras (A Coruña, 1976) trabaja, desde hace un año, en el hospital que su padre contribuyó a impulsar de una manera determinante. En el Centro Oncológico de Galicia todo recuerda a Camilo Veiras; pero, sobre todo, ella. Ha heredado sus ojos, su altura y hasta el mismo flequillo revirado, además de su bonhomía.

-Ha vuelto a casa. ¿Cómo está?

-Feliz y orgullosa. Me apetecía mucho venir aquí para intentar mejorar o contribuir, en lo que pueda, al proyecto de mi padre.

-El doctor Camilo Veiras era el alma máter de este hospital...

-Sí. Fue una vida entera dedicada a esto. Mi padre vivió y trabajó para este hospital toda su vida.

-Está rodeada de su nombre por todas partes: en la calle del hospital, en el Servicio de Oncología Radioterápica, en los documentos que maneja en la consulta... ¿No le entra la melancolía en ningún momento?

-Sí, pero no. Porque, al final, esto fue el proyecto vital de mi padre. Todos los trabajos en los que he estado me los he tomado como algo temporal. Sin embargo, aquí es donde quiero estar.

-¿Qué le dicen sus actuales compañeros, aquellos que compartieron más tiempo con él?

-Me cuentan mil anécdotas y siempre son recuerdos buenos. La auxiliar que está conmigo en la consulta pasó consulta con mi padre. Los que más me lo recuerdan son los técnicos y las enfermeras que llevan muchos años.

-¿Y eso cómo se lleva?

-Con mucho orgullo. Es que esto es como mi segunda casa. Aquí nos traía mi padre, a mí y a mis hermanos, cuando éramos pequeños. De hecho, se tiene olvidado de nosotros alguna vez, cuando todavía estaban las monjas trabajando aquí. [Risas]

-¿Se olvidaba? ¿De verdad?

-Sí... A lo mejor llegaba a casa y recibía una llamada que le decía: «Doctor Veiras, creo que se ha dejado algo en el hospital». Y volvía a por nosotros, ja, ja...

-¿Ha heredado sus pacientes?

-Pacientes que hubiera tratado mi padre, no; pero sí familiares de esos pacientes: un hijo, un hermano, el marido o la mujer de pacientes que trataba mi padre o que lo conocían. Y me preguntan directamente si soy su hija.

-Tanto el apellido como su físico la delatan. ¡Son igualitos!

-Claro, por eso me dicen mucho: «¿No tendrá usted algo que ver con el doctor Veiras?» Y en cuanto les digo que sí: «¡Ay, qué padre tan bueno tenía! Qué pena nos dio a todos su fallecimiento». Y sí me parezco físicamente, pero todavía me parezco mucho más en el carácter a mi padre. ¡Sobre todo en los despistes! [Risas]

-¿Es tranquila como era él?

-Sí, aunque esté nerviosa, aparento mucha tranquilidad. Todo lo que sé del trato con el paciente, lo aprendí de él. Yo veía cómo hacía mi padre las cosas y es como lo intento hacer yo. Sé que no es la mejor forma de hacerlo...

-¿Por qué?

-Porque dedico mucho tiempo a cada uno, con mucha paciencia... El enfermo no es un número. Es una persona con sus circunstancias, además de su enfermedad.

María Veiras Lens la hija de camilo Veiras también es oncóloga y trabaja en el cog

«El futuro es prometedor. El cáncer se convertirá en una enfermedad crónica»

«Quiero que todo lo que hizo mi padre tenga una continuidad». Así, llena de ilusión y con este objetivo tan claro, llegó hace un año al Centro Oncológico de Galicia la oncóloga radioterápica María Veiras Lens. Antes, estudió la carrera en Santiago, hizo el MIR en Oviedo, la especialidad en Madrid, y trabajó seis años en un hospital de Vitoria.

-¿Es igual de optimista, como lo era su padre, con respecto a la curación de esta enfermedad?

-Yo llevo una parte de tumores que no son, especialmente, los que más se curan ni los que mejor evolución tienen. Fundamentalmente, veo cáncer de pulmón y del sistema nervioso.

-¿Pero es prometedor el futuro?

-Sí. Probablemente, se convertirá en una enfermedad crónica, como pasó con el sida en su momento. Dentro de diez años, esto no se va a parecer nada a lo que conocemos ahora.

-Además de todo ello, ¿siente, como muchos hijos de enfermos de cáncer, el miedo a desarrollar usted también la enfermedad?

-Esta profesión ayuda a uno a relativizar mucho. Por todo lo que ves a diario en la consulta, que hay algunos casos dramáticos, aprender a simplificar y a no darle importancia a tonterías. No quiero estar agobiándome por esto. La vida es para disfrutarla, porque nunca sabes lo que te va a pasar mañana. Me encanta mi profesión y la elegí a conciencia.

-Así que no es hipocondríaca.

-En otras especialidades médicas, no sé, pero en esta, ninguno de nosotros somos muy hipocondríacos. No pienso en eso.

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