María Barbeito crea la Fiesta de la Flor

La celebración para ayudar a la infancia desvalida fue pionera en España


Miseria y desamparo. Eran las tristes compañeras de vida del numeroso colectivo formado por los niños y niñas pobres existentes en A Coruña en las décadas iniciales del siglo XX. Frente a la escasa acción social de un Estado oligárquico y caciquil, la caridad y la solidaridad ciudadana propiciaron la creación de diferentes organizaciones benéficas privadas dedicadas a intentar paliar en la ciudad las necesidades de una infancia desvalida, mal vestida y mal alimentada. Así surgieron La Gota de Leche, El Niño Descalzo, las Cantinas Escolares, las Escuelas Populares Gratuitas y las Colonias Escolares. Pero sus recursos eran escasos, ya que dependían fundamentalmente de las aportaciones voluntarias de sus socios benefactores, y no podían hacer frente a todos los problemas.

El domingo 11 de agosto de 1912, a las nueve de la mañana, unas setenta mujeres, la mayoría de la alta sociedad coruñesa, se desplegaron por las calles del centro de la ciudad. Llevaban canastillas con flores de celuloide blancas y azules, los colores de la matricula del puerto de A Coruña y que hoy son los de la bandera gallega. Su intención era ofrecerlas a todos los transeúntes con los que se encontraran a cambio de un precio mínimo estipulado de 10 céntimos, aunque aceptarían cualquier cantidad superior. Pretendían recaudar la mayor cantidad posible de dinero para después repartirla entre las distintas entidades dedicadas a la beneficencia infantil.

Con un sol radiante y las fiestas en pleno apogeo -era el día de la cabalgata de carrozas y de las exhibiciones de vuelos aéreos nocturnos- las calles estaban repletas de vecinos y turistas.

El batallón de mujeres cumplió con su objetivo. Poco a poco la simbólica flor pasó a ser ostentada por un número creciente de personas de toda clase y condición.

Cuando las canastillas de las postulantes quedaban vacías iban a rellenarlas al establecimiento de muebles de Casa Tizón, en la calle Real, y después retornaban a sus puestos. Estuvieron todo el día y repartieron unas 25.000 flores. Fue un gran éxito: recaudaron 7.300 pesetas, en su mayor parte en calderilla (10 céntimos era lo que costaba entonces una entrada de general en el cine París).

Era la primera vez en España que se realizaba una Fiesta de la Flor y una cuestación pública con finalidades benéficas. La iniciativa y organización fue de María Barbeito, maestra de las Escuelas Da Guarda. La propuso el 2 de marzo de ese año en una conferencia que dio en la Escuela Normal de Maestras y no era totalmente original, pues ya se celebraba en diferentes países europeos. Contó con el apoyo de las autoridades y de diferentes personalidades femeninas de la ciudad, pero también recibió ciertas críticas de los sectores católicos por el carácter laico de la fiesta y por ser su reclamo la galantería de las mujeres.

Debido a su éxito, a partir del año 1913 la Fiesta de la Flor se generalizó por otras ciudades de España y desde 1914, por orden del Gobierno, su recaudación sería destinada a la lucha antituberculosa.

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