Marita Carmona: «El coruñés es más simpático por la noche»

La pintora presentará en unos meses una nueva colección, «Luz en los párpados»

La pintora Marita Carmona, bajo dos de sus últimos cuadros, tiene 40 años y dice que es «una mujer, ni chica ni señora».
La pintora Marita Carmona, bajo dos de sus últimos cuadros, tiene 40 años y dice que es «una mujer, ni chica ni señora».

Sugerente. Atractiva. Algo misteriosa. «Quizás mi vida es poco habitual y con unas circunstancias familiares nada comunes, pero no soy extravagante. Soy bastante normal. Puedo parecer misteriosa por lo que pinto, pero no lo soy», reflexiona María Martín Carmona, Marita Carmona de nombre artístico y para todo el mundo. Hija del exjugador del Deportivo Cheché Martín, futbolista y pintor, es la pequeña de siete hermanos. «Me tuvo cuando tenía 50 años. Mi madre, que también falleció, era más joven que él. Supimos más tarde que tuvo dos hijos más en México cuando estuvo entrenando allí», relata. Dice que sus hermanos son futboleros, pero ella heredó de su progenitor la pasión por el arte. «Me pasaba el día detrás de él viendo como pintaba y trabajando a su lado. Un buen día, cuando se dio cuenta de que ya estaba mayor, me cedió todos los utensilios», rememora.

Años en la noche

Artista, profesora de pintura (disfruta dando clases a niños y a personas que no tienen ni idea), y durante ocho años camarera del pub Puticlú de la calle Justicia. «La noche es muy creativa, pero cansa mucho. Conoces a personas interesantes y en general todo el mundo es amable. De día, a lo mejor por el clima que tenemos, la gente es más gris, más tímida. El coruñés es más simpático por la noche», comenta sonriente. Charlamos en el café Doré de ronda de Nelle esquina a Sinforiano López. Los hombres del local vigilan sus movimientos. «No me veo mal, tengo mis días, pero no me siento observada. Sí que es cierto que al principio de la primavera la cara de los hombres es muy graciosa. En cuanto pasa una chica con un top o una faldita se le ponen linternas en los ojos. Al final del verano sucede menos porque ya se acostumbraron». Pide una cerveza. «No hago casi nada de deporte y aunque te cortas de alguna cosa no puedo prescindir de las tapas, de los vinitos, de la comida», comenta Marita, que confiesa que le da bastante pereza cocinar.

«Luz en los párpados»

Disfruta de las pequeñas cosas de la vida. De la naturaleza. De escapadas a Antas de Ulla, a Tenorio, Cotobade, o Pantín. «Necesito desconectar de vez en cuando y todos los días preciso algo de soledad». Se declara tímida en esencia. Es usuaria de Facebook y solo está en dos grupos de WhatsApp porque «me pone nerviosa. En el futuro me veo sin móvil». Le gusta la zona de las Esclavas, el barrio del Gurugú, y Monte Alto. Dice que «vive el amor», pero no está casada ni entra en sus planes tener hijos. Lee a Octavio Paz o a Italo Calvin, entre otos. Le entretiene la radio. Le interesa la política «porque soy social». Habla con rotundidad en contra del maltrato animal. «No soy activista, pero no soy indiferente». Dentro de unos meses presentará su nueva colección de pintura, Luz en los párpados, que marca una evolución, un cambio en su trayectoria. «Todos los rostros de los lienzos aparecen con los ojos cerrados», me dice Marita Carmona con sus preciosos ojos bien abiertos.

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