El día que Alvedro comenzó a despegar

Se cumplen 25 años del inicio de una nueva era comercial en el aeropuerto

Imagen de los aviones de Aviaco que cubrían las nuevas rutas de Madrid y Barcelona.
Imagen de los aviones de Aviaco que cubrían las nuevas rutas de Madrid y Barcelona.

A Coruña / La Voz

Alvedro fue un aeropuerto de segunda durante mucho tiempo. Con una pista de 1.700 metros no podía admitir que operasen desde allí aviones comerciales de cierto tamaño. La gran mayoría de las aeronaves que pasaban por el aeropuerto eran los pequeños turbohélices Fokker F27, lo que limitaba las posibilidades comerciales del aeródromo e impedía su crecimiento. Pero en la segunda mitad de la década de los ochenta se producirían una serie de mejoras que terminarían con la reinauguración del nuevo aeropuerto el 11 de mayo de 1990 con vuelos regulares operados por Aviaco a Madrid y Barcelona. Sería el comienzo del despegue comercial de Alvedro.

Las primeras obras de mejora se realizaron en 1986, con la ampliación de la cabecera sur de la pista y la posterior de la cabecera norte. Pero no sería hasta 1989, en el mes de mayo, cuando el aeropuerto se cierra totalmente al tráfico para realizar unas mejoras que afectaron a sus infraestructuras y al instrumental de ayuda al aterrizaje que cambiarían definitivamente a Alvedro. Dos años permaneció cerrado mientras se instalaba en la pista un sistema PAPI de ayuda visual para el aterrizaje y un ILS para las aproximaciones instrumentales.

El 28 de abril de 1990 se inauguró oficialmente el nuevo aeropuerto, pero no sería hasta el 11 de mayo que comenzarían a operar los primeros vuelos regulares de Aviaco con Madrid y Barcelona, con aviones de un tamaño que hasta entonces no se había visto en la ciudad: los DC-9 con capacidad para 110 pasajeros. Y todo tras superar un conflicto laboral suscitado por los nuevos horarios que imponían los vuelos regulares, a primera hora de la mañana y última de la tarde. Al final se llegó a un acuerdo estableciendo una jornada laboral partida para los trabajadores.

Vuelo inaugural

El primer vuelo llegó aquel viernes a las 9.10 horas desde Madrid, destino al que partiría de nuevo cuarenta minutos más tarde. Ese primer día de actividad tuvo otro vuelo que llegó a las 20.10 y partió a las 20.50. Al día siguiente, aterrizó también el primer avión procedente de Barcelona. Los precios de los billetes eran de 11.000 pesetas a Madrid y 16.750 a Barcelona. Y la experiencia fue un éxito.

En esa primera jornada pasaron por Alvedro 239 pasajeros, unidos a un sinfín de curiosos que se acercaron para ver aterrizar a los nuevos aviones y que abarrotaron la cafetería y el escaso espacio de la terminal, de modo que pronto s empezó a hablar de la necesidad de una ampliación. Ese fue uno de los puntos en los que insistió el director comercial de Aviaco, Manuel Lavandeira, que estuvo presente en esa jornada inaugural y que subrayaba entonces que los cálculos realizados por su compañía apuntaban a los 300.000 pasajeros anuales en una primera etapa. Se sumó también a la reivindicación el que era el director de Alvedro, Bienvenido Rico, que no hablaba de una ampliación de la terminal existente, sino de construir una totalmente nueva.

Junto a la apertura del aeropuerto se puso en marcha una línea de autobuses que unía el centro de la ciudad con Alvedro y el entonces alcalde, Francisco Vázquez, que se tomó como algo personal el nuevo impulso al aeropuerto, anunció la creación de una línea de taxis que tuviesen ventajas para los viajeros.

Altas expectativas

Las previsiones que se realizaban por aquel entonces eran exageradamente optimistas. Desde Aviaco -compañía que había apostado claramente por el aeropuerto coruñés en detrimento del compostelano, lo que generó más de una polémica-, afirmaban que sus estudios reflejaban que la zona de influencia de A Coruña acaparaba más del 40 % del tráfico aéreo gallego, la de Vigo alrededor del 35 y Santiago sobre el 25 %.

Fueron días de apoyo incondicional al aeropuerto, en los que todos los sectores productivos de la ciudad destacaron la necesidad de que se produjese este despegue que subiría de categoría al aeropuerto coruñés. «La Coruña despegó», podía leerse en el cielo de la dársena en unas letras formadas por fuegos artificiales que se lanzaron el fin de semana previo a su reapertura.

La niebla no tardó en aguar la fiesta. En la segunda semana tras la reapertura dos vuelos en dos días consecutivos, ambos procedentes de Madrid, no pudieron aterrizar en Alvedro. El primero ni llegó a despegar de Madrid, y el segundo fue desviado a Santiago.

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