Ocho jóvenes se enfrentan a penas de 10 años de cárcel por «reventar» un pub del Orzán

Armados con bates y palos, pegaron a los porteros y destrozaron el local por no dejarlos pasar en la Nochevieja del 2010


a coruña / la voz

Si el número de asaltantes ya asustaba, las armas que llevaban todavía más. Portaban de todo, y todo muy peligroso, como bates de béisbol, palos, navajas y puños americanos. Así se presentaron, según la Fiscalía, en el pub Coyote, en el pasadizo del Orzán, sobre las cuatro de la madrugada del 1 de enero del 2010. Y la emprendieron contra los dos porteros del establecimiento, a los que apalearon hasta enviarlos al hospital. Por todo ello, la acusación pública pide que sean condenados a penas de entre 4 y 10 años de prisión como autores de delitos de lesiones, atentado, daños y tenencia ilícita de armas.

Según relataron ayer las víctimas en el juicio celebrado en la sala de lo Penal número 1, los procesados, de etnia gitana, habían tenido un problema con anterioridad con los porteros del negocio. Y regresaron armados y con muy malas pulgas e intenciones, pues a gritos se fueron hacia ellos. Primero le lanzaron a uno de ellos una botella que le impactó en la cara. Inmediatamente después, se abalanzaron contra los trabajadores con los palos. Y cuando los tenían en el suelo, empezaron a darles patadas y puñetazos. Las víctimas se libraron de algo mucho peor gracias a que desde el interior les ayudaron a entrar y encerrarse en el local. Mientras los agredidos, según recordaron, permanecían refugiados en el interior del pub, los acusados volvieron a hacer uso de sus armas caseras, golpeando la puerta y la cristalera hasta romperla, causando unos daños que ascendieron a los 1.200 euros.

Atentado

Al lugar se desplazaron varias dotaciones de policía. Uno de los agentes se acercó a uno de los procesados para pedirle que se identificase. Y este, lejos de mostrar su documentación, sacó de su bolsillo un espray de defensa antivioladores, rociando al funcionario policial. Se echó a correr y en su huida hizo lo mismo con otro de los agentes desplazados a la zona. Pero no fue muy lejos. Le dieron alcance y pudieron esposarlo pese a los puñetazos y patadas que lanzó. Otro de los participantes se acercó a los agentes para lanzarles patadas.

Cuatro de los acusados, defendidos por Ramón Sierra, aseguraron que aquella noche no estaban allí. Y los que sí estaban, negaron el uso de bates.

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