«Me rechazan más por no ser una tía buena que por mi discapacidad»

Su artritis reumatoide no le supone un problema, pero sí su físico, dice

«Si no fuera por mi discapacidad, estaría en el paro», afirma la actriz Adela Estévez.
«Si no fuera por mi discapacidad, estaría en el paro», afirma la actriz Adela Estévez.

Adela Estévez Campos (A Coruña, 1962) soñaba con ser cantante de ópera, pero descubrió que tenía artritis reumatoide y lo descartó. Aún así, se formó en canto lírico, se sacó dos carreras -arte dramático y periodismo- y ahora trabaja como actriz en la compañía de Blanca Marsillach, que volverá con su teatro social a la ciudad de A Coruña en mayo de la mano de la Fundación Repsol.

-¿Cómo diría que le ha tratado la vida, hasta ahora?

-Ha habido momentos duros. Y he trabajado en todo lo que, realmente, se pueda imaginar.

-¿De camarera, también? Lo digo porque es un clásico entre las actrices que buscan trabajo.

-De camarera no, porque no me da el físico. Para eso buscan tías buenas y yo no lo soy. Pero he trabajado de azafata de ferias, de telefonista...

-¿Ha conseguido ya la estabilidad laboral?

-Sigo en el alambre, como siempre. Acabo de montar mi propio periódico on-line. Se llama Diario lírico y es sobre ópera y zarzuela.

-La verdad es que su curriculum vitae apabulla.

-Sí, pero no me sirve de nada. Cuando vas a buscar trabajo, te recomiendan que elimines cosas. En las entrevistas, siento que solo ven a una señora de mediana edad pasada de peso. En el mundo del canto, antes, eso no era un problema. Pero ahora, lo importante es que estés buena.

-¿Siente que su aspecto físico le condiciona más que su propia discapacidad?

-Así es. De hecho, si estoy trabajando ahora es gracias a mi discapacidad y a la compañía de Blanca Marsillach. Si no fuera por eso, estaría en el paro.

-¿Qué fue del doblaje? Usted fue muy conocida por esa faceta.

-Sí, trabajé diecisiete años en eso, estaba muy cotizada. Pero me fui a Madrid, la cosa se hundió y dejaron de llamarme.

-¿Qué recuerdos tiene?

-El personaje más conocido fue el de Akane en Doctor Slump e Arale. También hice de Pinocho y Calimero, Debora Kerr en Ben Hur y la hermana rubia de Michael J. Fox, en Enredos de Familia. Mi abuela y mi ahijado pensaban que los personajes era yo. «Se ti es Calimero, eu son D?Artagnan!», me decía él. Ja, ja...

«Por culpa de la prótesis, pito en todos los aeropuertos. ¡Cojo unos rebotes!»

Adela Estévez interpretó el pasado 11 de marzo el papel que popularizó Concha Velasco, junto a José Sacristán, en la obra Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?, de Adolfo Marsillach, en la sede de Afundación de A Coruña.

-¿Cómo valora la experiencia?

-Lo que hace Blanca Marsillach con su teatro para y con personas con alguna discapacidad es muy interesante. Y, para mí, como actriz, estimulante. Es un público que interactúa más que nadie, son funciones muy vivas.

-Apenas hemos hablado de su artritis reumatoide.

-Ahora estoy con un tratamiento muy agresivo, que me la tiene frenada, aunque, al mismo tiempo, me bloquea las defensas. Cojo todo cuanto catarro hay suelto, pero nada más. Lo malo es que pito en todos los aeropuertos.

-¿Por qué? ¿Cómo es eso?

-Dado que la artritis te va desintegrando las articulaciones, me tuve que operar y tengo ya tres prótesis: las de los dos codos y la de la rodilla derecha. Esta última es de titanio, así que, en los controles de los aeropuertos, salta. Aunque siempre enseño el certificado médico, me acaban cacheando y me cojo unos rebotes tremendos. La última vez me enfadé tanto que el agente me dijo: «Cierre los ojos e imagínese que es Brad Pitt». ¡Me enfadé más!

-Está afincada en Madrid. ¿Le gustaría volver a trabajar aquí?

-Por supuesto. Yo lo que quiero es trabajar. Lo de mandar currículos está claro que no funciona, porque los he mandado mil veces y no me han llamado nunca. No sé como acceder.

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