Javier Nikopol: «Abrí 23 bares, 2 discotecas y 3 vinotecas»

Clásico de la hostelería local, empezó en el Ítaca en 1983 y en la actualidad se encarga del Corazón Loco

El hostelero Javier Nikopol, en su local más reciente, Corazón loco, tiene 52 años, dos perros y un conejo.
El hostelero Javier Nikopol, en su local más reciente, Corazón loco, tiene 52 años, dos perros y un conejo.

Es un clásico de la hostelería local. Empezó en el Ítaca en 1983 y hasta ahora. «Abrí 23 bares, 2 discotecas y 3 vinotecas, cada negocio con su sello personal. Me gusta decorarlos, darles ambiente y después me aburro», asegura mientras charlamos en el local que regenta en la actualidad, Corazón Loco, en la zona de Cuatro Caminos, ahora convertido en una singular croquetería (me muestra la carta). Contesta las preguntas mientras atiende a unas madres con niños pequeños. «Nunca quise tener hijos por si salía alguno como yo», comenta sonriente Javier Losada García, Javier Nikopol para todos. «Con 17 años leía mucho a Baudelaire y un amigo, Gonzalo, decidió llamarme como el protagonista del cómic La feria de los inmortales, Alcide Nikopol, que acaba en un manicomio recitando a Baudelaire», explica. Tiene 52 años. «Los llevo muy bien. De cabeza sigo igual que a los 20, inquieto. Estoy un poco a régimen para bajar la barriguita. Nací el 5 de agosto de 1962 a la misma hora y el mismo día que murió Marilyn Monroe. Llegué al mundo haciendo el bestia», relata sin perder la sonrisa. «Creo que mi principal virtud es que estoy alegre todo el día. La verdad es que no sé cabrearme? Hasta que exploto».

La cicatriz

Su familia es de la Ciudad Vieja y Javier se crio por la zona de la plaza Maestro Mateo. Estudió en el Calasanz, Academia Galicia, La Checa y Liceo. «Era muy traste», resume mientras la música suena en el local. «Pintar y escuchar música son mis pasiones. Recuerdo cuando abrí El Latino, en el Orzán, que traía los discos de música latina de Nueva York porque aquí no había nada y cuatro años después fue el bum de la salsa», rememora este coruñés que si solo pudiese salvar un disco «sería el

Ziggy Stardust

de David Bowie. Y nunca el de Luis Cobos poniendo caja de ritmos a la música clásica», sentencia. Reconoce que «hice locuras para escribir 10 tomos, pero muchas salieron bien. No me arrepiento en absoluto, me equivocaría mil veces más», asegura Javier, que luce una llamativa cicatriz en la cara. «Cuando tenía tres años me quise afeitar con una navaja barbera... Te puedes imaginar el susto que le di a mis padres. Ya era golfo»

La noche coruñesa

Está divorciado desde hace años. En sus ratos libres le gusta estar con su pareja, Cristina, y sus mascotas. «Tengo dos perros y un conejo que se cree un perro». Dice que cocina muy bien, sobre todo las carnes, y su comida favorita es el lacón grelos. «De beber, 100 Pipers, creo que he bebido cosechas enteras». Excepto «kilómetros detrás de la barra» no hace deporte. «Fui el peor lateral derecho del Imperátor». Se queda con la zona del castillo de San Antón y la Solana. «Escuchas el sonido del puerto». Reconoce que la noche le tira mucho. «No lo puedo evitar. Desde pequeño paso noches en vela y no me duermo hasta las 4 o 5 de la madrugada. De todas formas antes la noche era más divertida. En la de ahora, excepto algunos locales de Orillamar, no reconozco La Coruña».

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