San Ripote, el «merendiñas» coruñés

La fiesta se celebraba con comidas y bailes al día siguiente de las romerías


La ciudad de A Coruña siempre tuvo fama de saber divertirse y de tener buenas fiestas. Entre ellas, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, estaba la celebración del ripote. En muchas partes de Galicia el ripote es la torta o panecillo redondo o bollito de pan que se hace con los desperdicios de la masa que se pega a las paredes de la artesa de amasar. Pero a esta palabra gallega los coruñeses y coruñesas le dieron, a mayores, un significado particular: lo emplearon para designar un día especial de fiesta.

Eladio Rodríguez González, que fue funcionario municipal en A Coruña, en su Diccionario enciclopédico gallego-castellano, elaborado en las décadas de 1910 y 1920, pero editado póstumamente en 1958-61, recogió esta variante coruñesa. Según dicho autor, el ripote constituyó en A Coruña «una fiesta popularísima que ponía término a las típicas merendiñas, con que los vecinos de las parroquias extremas y de los arrabales de la capital solemnizaban la Octava del Corpus o la fiesta de su barrio al aire libre, con suculentas viandas, entre diversos regocijos públicos, obsequiándose fraternalmente unos a otros sin distinción de clases ni de categorías».

Pero además tenía otra peculiaridad que la prensa de la época nos permite conocer: la fiesta del ripote se celebraba al día siguiente de la fiesta o romería principal dedicada al patrón o al santo de esas parroquias próximas a la ciudad. Ese día, el del ripote, la gente de dicha parroquia o aldea del extrarradio no iba a trabajar, a pesar de ser día laboral, descansando por la mañana de la verbena y el bailoteo de la víspera y dedicando la tarde a comer, en una merendiña con la familia o los vecinos, las sobras del festín del día anterior acompañadas de las típicas empanadas y tortillas y abundante vino y aguardiente. Después y hasta el anochecer se bailaba al compás de la música de unas gaitas, tamboriles y zanfoñas o de un organillo. A esta celebración se acercaban numerosos vecinos de la capital que también se tomaban el día festivo y pasaban una alegre jornada de asueto en los alrededores de la ciudad; de ahí que sarcásticamente se dijese que se hacía fiesta en honor de San Ripote. La temporada de ripotes se iniciaba en el mes de junio y se prolongaba hasta septiembre. El comienzo estaba en la festividad de la Octava del Corpus que variaba de fecha de acuerdo con el calendario religioso de ese año. Se seguía con el ripote de San Juan que se realizaba el 26 de junio, si el tiempo lo permitía, en la rotonda al pie de la subida a la torre de Hércules. Después venía, el 30 de junio, el de la romería de San Pedro de Visma y, pasado el 25 de julio, el de San Cristóbal das Viñas. En el mes de agosto, sobre el 17, el de San Roque de Afora y, hacia el 28, el de la romería de Santa Margarita.

En el mes de septiembre se acudía, el 10, al de la Peregrina, en O Burgo, y se terminaba, el 30, con el de la romería de San Miguel en Pastoriza. La decadencia de estas romerías acabaría también con sus ripotes.

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