«Lifting» al reloj de Tabacos

La relojería Dans de la calle Juan Flórez exhibe en su escaparate la compleja maquina de más de un siglo antes de acometer su puesta a punto


A Coruña / La Voz

En 1895, año en el que H. G. Wells publicaba La máquina del tiempo, se construía el reloj de la Real Fábrica de Tabaco de A Coruña, una prodigiosa máquina de fiabilidad secular que acaba de abandonar, temporalmente, el histórico edificio mientras se acometen las obras de los nuevos juzgados. Oculto durante más de un siglo tras la brillante esfera de la Palloza, la compleja y gran estructura de este modelo Ungerer puede ser contemplada en el escaparate de la relojería Dans, en la calle Juan Flórez. Allí será sometido a un lifting y puesta a punto para regresar dentro de dos años a su residencia habitual. Y mientras tanto su simple contacto visual supone para la cuarta generación de los Dans una lección de ingeniería relojera. «Esto es una bendita locura», sentencia Carlos Sánchez.

La retirada y traslado ha sido una delicada operación no exenta de tensión. El pesado y voluminoso artilugio abandonó el edificio de Tabacos por los aires con la ayuda de una grúa. «El viento nos hizo sufrir», coinciden los tres hermanos, Jacobo, Diego y Carlos. «Era tan fuerte en el momento del traslado que en lugar de sacarlo por la fachada principal tuvimos que sacarlo por la parte de atrás».

Pero el verdadero milagro fue encontrárselo en perfecto estado en el interior de un edificio que fue saqueado y del que se llevaron hasta el más pequeño cable. «De hecho pretendían hacer una exposición con las piezas metálicas acumuladas en la Fábrica de Tabacos, pero no dejaron nada», apunta Jacobo. Salvo este reloj. Y si sobrevivió fue gracias a la ubicación arrinconada sobre un suelo podrido, lo que lo hacía casi inaccesible. «El mecanismo se encontraba en la sala donde se secaban las famosas farias coruñesas y ya está previsto que presida una estancia principal de la futura sede judicial», explica el mayor de los Sánchez.

Sobre un mueble impoluto

Y allí descansó durante más de cien años sobre un mueble de madera, aséptico y plano en su concepción, casi se podría decir que feo. «Pero hizo muy bien su función, ni carcoma ni humedad?», apuntan los Dans, que ya han hecho varias visitas a la Fábrica para planificar la retirada de la esfera, esa en la que las agujas se pararon a las siete y 19 minutos de un día del 2002, año en el que la fábrica echó el cierre.

La relojería Ungerer, a la que pertenece este modelo, fue creada a mediados del siglo XIX por los hermanos Albert y Auguste Ungerer. «Se trata de un reloj horizontal que muestra el tiempo con medios visuales y auditivos -explica Carlos Sánchez-, la máquina está compuesta por tres módulos independientes pero interconectados: el módulo central, el de horas y cuartos, y el de repetición». Las delicadas operaciones de restauración de esta pieza colosal serán dirigidas por el maestro relojero Óscar Pedreira Labandeira. Entre los aficionados a este mundo de engranajes y pesas, la presencia de este Ungerer en la calle Juan Flórez está más que extendida. Como ejemplo, José Luis Basanta, amante de estos artilugios y dueño de una gran colección de libros de relojería, que acaba de ser expuesta en la Cidade da Cultura de Santiago. Ha visitado ya dos veces la fantástica pieza. «La maquinaria es preciosa, está sucísima, como tiene que ser, y ha resistido mucho, muchísimo», sentencia. «He visto muchos relojes especiales, pero como este ninguno, es de una gran complejidad y a la vez de un gran tamaño que lo hace más especial aún. Una vez restaurado, antes de colocarlo de nuevo en el edificio yo lo pasearía como si fuese un animal de feria», explica Basanta. «El relojero creador demuestra una mano de obra exquisita, igual que la que tendrán ahora al restaurarla».

Instalado en 1911

Según el informe del arqueólogo realizado para la restauración del edificio de la Real Fábrica de Tabaco, la instalación de la máquina podría datar de 1911. «La casa Ungerer comenzó a fabricar relojes en 1858, y este en concreto sería de finales del siglo XIX, exactamente de 1895», detallan los relojeros. «Esto lo situaría como el reloj más antiguo en uso de la ciudad, junto con el del Ayuntamiento, ambos del mismo año. Y anterior a estos dos figuraría el del palacio de la Capitanía General, en la actualidad desinstalado y en exposición en el museo de esta institución», comenta Carlos.

La puesta a punto de esta compleja y enorme maquinaria ha sido tomada como un reto muy especial por esta saga de relojeros. Tiempo no les va a falta para esta empresa. Porque la colocación del reloj será la guinda y punto final de la nueva sede judicial de A Coruña, para la que se prevé aún dos largos años.

A principios de año retirarán la esfera, una operación mucho más delicada

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