El micromecenazgo salva La Roiba

Reúnen 20.000 euros para restaurar la casa de Vázquez Molezún en Bueu

.

redacción / lA voz

En 1969 el arquitecto Ramón Vázquez Molezún (A Coruña, 1922-Madrid, 1993) construyó un refugio estival al borde del mar en Bueu. Sobre los muros de mampostería de lo que había sido una salazón levantó una pequeña vivienda que buscaba asemejarse a un barco varado en la playa de Beluso. El sótano se inundaba con la marea y cobijaba embarcaciones, mientras que en la planta superior la vida giraba en torno a un único espacio en el que los tres dormitorios se abrían o cerraban al estilo de camarotes. Una escala respetuosa con el emplazamiento y características como la recogida del agua de lluvia para su utilización completan la concepción pionera de la sostenibilidad de La Roiba, que, como define algún arquitecto, más que una casa es un manifiesto.

Los últimos cinco años no han sido buenos para el inmueble. La terraza perdió parte de su estructura y las armaduras sufren de una corrosión que amenaza la integridad de la casa. El alto grado de deterioro motivó una campaña de micromecenazgo en Internet para costear una intervención rápida y eficaz, que acaba de culminar con éxito al recaudarse los 20.000 euros necesarios para la obra, que empezará este mismo mes, según explica la promotora de la iniciativa, María Vázquez Molezún, hija de Ramón y también arquitecta.

No fue un camino fácil. «A mitad de campaña íbamos fatal», admite Vázquez Molezún. «Pero luego la gente se animó y al final lo hemos conseguido». En función de sus aportaciones, los mecenas recibirán desde grabados con los planos de otro edificio del arquitecto, el Museo de Arte Contemporáneo de La Castellana, en Madrid, a la posibilidad de alojarse en la propia vivienda. «Era algo que incorporamos ya iniciada la campaña porque notamos que había mucho interés en poder vivir el espacio de La Roiba de forma directa. Mi madre todavía vive en ella y está mayor, pero hemos habilitado una habitación como zona independiente para que la alteración de su vida sea mínima y al mismo tiempo los visitantes puedan disfrutar de la estancia», explica María Vázquez Molezún, quien subraya que la casa siempre ha estado y estará abierta a quienes tengan interés en conocer su arquitectura.

Una vez acometida la primera fase de la intervención para subsanar los problemas más urgentes, que los organizadores de la campaña atribuyen a los cambios en las mareas debido a la construcción de un espigón, está prevista una segunda para consolidar la restauración. «Todavía estamos estudiando la fórmula para llevarlo a cabo, aunque posiblemente buscaremos la colaboración de empresas a través de patrocinios directos. Este proyecto lo llevamos en equipo y las decisiones las tomamos entre todos», avanza la arquitecta, que ha desarrollado la campaña en coordinación con Jesús Gallo y Pablo Olalquiaga, junto a un grupo de colaboradores. En la primera fase la empresa Sika aportará los materiales necesarios para la restauración, ejemplo de esa cooperación con el sector comercial.

De la experiencia de crowdfunding para reconstruir La Roiba ha surgido la reflexión por parte de sus promotores de que otros edificios necesitados de intervenciones para asegurar su futuro. «No solo obras de arquitectos, sino ejemplos de construcciones populares o edificios industriales, como fábricas de salazón en desuso», propone Vázquez Molezún. Eso sí, el micromecenazgo también da trabajo: «Han sido cuarenta días de no parar».

«Consideramos ampliar este sistema a otros edificios que precisan de una intervención»

María Vázquez Molezún

Votación
8 votos

El micromecenazgo salva La Roiba