El fin del reinado de las discotecas

La crisis y la presión vecinal ahogan el que fue modelo estrella de la hostelería nocturna en A Coruña


A CORUÑA / LA VOZ

Fueron las estrellas de la noche. Pero ahora no viven sus mejores momentos. De hecho, frente al amplio abanico que podría existir en el pasado, en la actualidad quien desee acudir a una discoteca en la ciudad apenas tiene dos opciones: Chaston o Punto 3. El resto de sus competidoras están cerradas, abandonadas, en proceso de reforma a otro tipo de negocio o convertidas hace ya años, sin más rastro que el de la nostalgia.

La última ficha en caer de este dominó ha sido Disco 33, la discoteca de la calle Donantes de Sangre. Otrora se había llamado Norwest y Don Pepe. En los últimos años se orientaba al público latino hasta su fin. En su interior no queda nada de su pasado. En el futuro habrá allí un restaurante. Con ello se tacha otro nombre del listado discotequero coruñés.

No es la única. El verano pasado Pirámide tuvo que cerrar sus puertas por denuncias vecinales por el ruido que llegaba a los pisos superiores. Hoy todavía continúa con la persiana bajada. Mientras, un indigente ha aprovechado su tejadillo para resguardarse y dormir allí por las noches. Imagen inequívoca del estado de las cosas. Por su parte, el Playa Club no resistió la virulencia de los temporales de principios de año. Dañó su fachada y una buena parte de su interior. Sus responsables se vieron obligados a cerrar las puertas, anunciando una reapertura el pasado 3 de abril. Finalmente, ha sido aplazada sin fecha todavía.

Un rosario de bajas

Si se compara el panorama actual con el de los ochenta y los noventa el resultado resulta demoledor. Entonces, locales como Pachá, en As Xubias, podían albergar entre 1.000 y 2.000 personas tranquilamente. No cabía un alfiler. Se trataba del tótem pijo de la ciudad, el sitio de la gente guapa. Hoy el inmueble, que se alquila, presenta un aspecto de abandono total. Ha sido esquilmado de cobre y materiales valiosos. Y la vegetación crece dentro sin control. Donde había una pista, hoy hay una estampa selvática. El estado de abandono es total.

También se encuentra paralizada la que fuera Disco Burbuja, en calle Rubine. El local, que aparecía y desaparecía, no paraba de registrar problemas. Al final, tal y como informan desde Hostelería, perdió la licencia para siempre. Dentro del apartado de parálisis, se encuentra también Models, la discoteca del Hotel Atlántico, que tras una etapa de esplendor a finales de los noventa se apagó para siempre. Y, por supuesto, Fox-Trot, un clásico de Juan Flórez. Lleva ya un lustro son el letrero de «Se alquila» en su puerta sin novedad.

Otros locales han optado por las transformaciones. La histórica Rigbabá, de Federico Tapia, mutó en un garaje. La Real, de la Marina, en una cafetería. Caseli en Pintor Joaquín Vaamonde acoge ahora al Registro Civil. Y la mítica Ola Green ha dado paso a Moon 57, uno de los modelos que se ha impuesto con éxito en los últimos tiempos.

Locales híbridos

Moon 57 ejemplifica, en cierto modo, el presente de la hostelería nocturna coruñesa. Se trata de un local que no solo funciona en el tradicional horario de discoteca. También cumple las funciones de cafetería con terraza y pub. «Ya no se puede vivir de abrir solo tres días a la semana por la noche», apunta Héctor Cañete, presidente de los hosteleros coruñeses.

Además del Moon 57, existen otros locales en Los Cantones Village que responden a un modelo similar. Establecimientos como Dux o Amura no se pueden denominan discotecas. Sin embargo, tienen pista de baile y atraen al público que otrora acudía a las discotecas. Ahí se encuentran los nuevos reyes de una noche que no se destruye, solo se transforma.

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