«Por nada del mundo eliminaré el gallego de mi currículo»

Un hotel en el que buscaba trabajo recomendó a la madrileña Esther García no incluir este idioma como mérito. Atónita e indignada, sostiene que el idioma debe enriquecer y no separar


redacción / la voz

Esther García (Madrid, 29 años) busca trabajo. En esa tarea que comparte con millones de españoles no se cansa de enviar currículos en cuyo listado de competencias figura un alto dominio del idioma gallego. Este conocimiento acaba de causarle una monumental sorpresa y no menor indignación, pues un hotel asturiano le ha recomendado que borre «la información en idiomas relativa a que tiene un nivel alto en gallego», pues le resulta a sus responsables «del todo ridículo, absurdo e innecesario». Estupefacta, Esther decidió escribir una carta al director de La Voz que ayer publicó el diario.

-¿Qué sintió cuando recibió esa respuesta?

-Te puedes imaginar: rabia, frustración y un poco de impotencia, la verdad. Me quedé blanca. En ningún momento lo he entendido. Estoy en paro, estoy buscando empleo, envío currículos a diario y a veces te contestan, otras veces no, pero te dicen «tenemos la plantilla completa», «no necesitamos a nadie de tu perfil», pero es la primera vez que me contestan de esta manera.

-Y le resultaría incluso más chocante que esos argumentos llegasen desde Asturias.

-La verdad es que me llamó especialmente la atención, porque Asturias es una comunidad que hace frontera con Galicia y tienen una lengua de la que deberían sentirse orgullosos, además de que deberían sentir alguna empatía por sus vecinos gallegos. La verdad es que no entiendo esa respuesta por parte de una empresa asturiana.

-Siendo madrileña, ¿cómo se convirtió en defensora del gallego?

-Ni soy gallega, ni tengo familia gallega, ni nada, pero hace unos años me fui a vivir ahí. Me trasladé a A Coruña y estuve año y medio viviendo y trabajando allí. Al final decidí volver a Madrid para acabar la carrera. Pero me hubiese quedado en A Coruña, porque yo estaba encantada, no solo por la ciudad en sí, sino también por la gente. Una vez allí, me pareció interesante aprender gallego. Cuando leía el periódico y veía algunas secciones escritas en gallego, tenía curiosidad por aprenderlo, porque lo veía como una manera de adaptarme. Me parece que los idiomas enriquecen la cultura de un país y deben estar para eso, para enriquecer y no para separar. Tuve la suerte de que mi pareja en ese momento hablaba perfectamente en gallego y lo aprendí con él. Con él hablaba casi siempre gallego.

-¿Los gallegos defendemos suficientemente nuestra lengua?

-Yo creo que no. Al menos el tiempo en el que he estado en Galicia, muy poca gente hablaba en gallego. Yo trabajaba como administrativa y en la oficina, a no ser gente mayor, a mí siempre me han hablado en castellano. Si el gallego no se cuida, si no se impartiese en las escuelas, podría acabar desapareciendo, y me parece una pena. No creo que haya que llevarlo al extremo, pero sí creo que el gallego se debe impartir y se debe fomentar.

-Dice usted en su carta que el problema es la utilización política de la cuestión lingüística.

-Yo creo que el idioma es algo que debe unir y no separar. Sin embargo, es algo fácil, que utilizan tanto los políticos como otros colectivos para separar y crispar. Es una política muy fácil de vender, y la gente cae muy fácilmente en este tipo de juegos.

-En su currículo, ¿seguirá figurando que sabe gallego?

-Sí, sí, tengo clarísimo que no lo voy a eliminar por nada del mundo, a pesar de lo que me haya dicho esa persona indeseable.

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