gentes del finis terrae

A finales del verano de 1988 un grupo de arqueólogos profesionales y aficionados realizaron uno de los hallazgos más importantes del arte rupestre del noroeste peninsular. En el dolmen de Dombate, que fue cantado por Eduardo Pondal, aparecieron pinturas y grabados que terminaron por convertir del yacimiento en la catedral del megalitismo gallego.

Cuando todo eso ocurrió allí estaban José María Bello Diéguez, que era el director de las tres campañas de excavación que hubo, y Manuel Lestón, entre otros muchos colaboradores. Ambos aparecen en una fotografía tomada en la tarde trasera de la cámara, ya completamente excavada. Con ellos estaban Xan, Pepe, Mónica, Mireille, Paz, Begoña, José, Emilio y Félix de la Fuente, que era el director del Museo de Bellas Artes de A Coruña.

Han pasado casi 25 años desde entonces y la restauración del dolmen de Dombate está prácticamente terminada. Ahora es Manuel Lestón el que lleva las riendas del proyecto, pero quiso contar con la sabiduría de Bello Diéguez para uno de los trabajos más delicados del proyecto. La labor más peligrosa era devolver a su lugar original la losa que cubría el corredor y que ya se ha conseguido, aunque queda pendiente la colocación de la piedra más pequeña.

José María Bello se desplazó a Cabana el día 1 de febrero para poder ver el pasillo de entrada prácticamente recompuesto. No lo había visto nunca antes. El arqueólogo reconoció que se había sentido «asombrado» por la visión del corredor restaurado. Explicó: «Cambia totalmente la visión del dolmen, ahora tiene un aspecto de cofre, que era la forma que tenía cuando se estaba utilizando».

Para Bello Diéguez, fue muy especial la forma de trabajar de Manuel Lestón y sus colaboradores, porque para mover la piedra tuvieron que utilizar un sistema muy similar al empleado por los constructores de Dombate, lo que le da «un valor añadido al trabajo». Bello Diéguez, que no había querido volver al dolmen hasta que estuviera restaurado, recordó que en el plan director que él firmó con el restaurador Fernando Carrera y con el arquitecto Fernando Cebrián, ya se establecía que la reposición de la losa tendría que ser el primer trabajo, porque para ello sería precisa la utilización de una grúa.

El plan de trabajo acabó por ser el contrario, por lo que Manuel Lestón y su equipo tuvieron que ingeniárselas para mover las cuatro toneladas de piedra de un modo muy rudimentario. Se inspiraron en la forma de trabajar de los constructores de los dólmenes y fueron elevando poco a poco, a base de paneles de madera, la losa hasta que lograron colocarla en raíles por los que la deslizaron hasta su lugar original.

El arqueólogo quería el parecer de Bello Diéguez para colocar la pequeña piedra que terminara el trabajo, pero el director del museo arqueológico de A Coruña señaló que ya no tenía nada que enseñarle al que antes fue su pupilo.

Para José María Bello, que en diciembre recibió un homenaje del Concello de Cabana, solo la musealización de Dombate tiene defectos. Considera que los paneles de cristal que se colocaron en el pabellón del dolmen para informar a los visitantes son muy mejorables, porque están hechos de cristal y resultan prácticamente imposibles de leer.

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Veinticinco años para restaurar el dolmen de Dombate