La playa de la muralla caída

El arenal del Parrote fue un espacio para el baño de mujeres y niños

Uno de los proyectos para el Parrote, avalado por la Universidad coruñesa, proponía recuperar la playa.
Uno de los proyectos para el Parrote, avalado por la Universidad coruñesa, proponía recuperar la playa.

El 22 de marzo de 1860, el arquitecto municipal, José María Noya, informó de que, desde hacia tiempo, gran parte de la muralla de la punta del Parrote estaba en muy mal estado y corría peligro de desplomarse porque, en su parte inferior, tenía un socavón creado por los embates de las mareas vivas. Enteradas las autoridades militares, dueñas en aquellos momentos de las murallas que aún estaban en pie en la ciudad, decidieron, el 3 de abril de ese año, que la solución más económica a dicho problema era la demolición de la parte superior del trozo de muralla que amenazaba ruina. Y así se realizó.

Enfrente del trozo de muralla demolida de la punta del Parrote se encontraban los restos del baluarte inacabado de finales del siglo XVIII. Entre ambos se formó una pequeña playa, de escasa arena y muchas piedras, que a partir de entonces se conoció popularmente como la playa de la muralla caída.

Puestos de moda los baños de mar y dado que esa zona era recogida y céntrica, dicha playa se destinó solo para el baño de mujeres y niños, especialmente de las clases populares.

Las crónicas periodísticas de finales del siglo XIX y comienzos del XX describen el espectáculo pintoresco que suponía ver, durante la temporada veraniega, a una multitud de mujeres colocar sus sábanas encima de las piedras del viejo baluarte y despojarse de sus ropas para quedar con las túnicas blancas empleadas para bañarse o luciendo unos trajes de baño compuestos de camiseta sobre la que iba un cuerpo con faldón largo sujeto a la cintura y pantalones bombachos, dejando solo al descubierto los brazos y las pantorrillas.

Espectáculo para los presos

También comentan, con un cierto tono de escándalo, el solaz que suponía para la vista ese espectáculo tanto para marineros y transeúntes que pasaban por la zona como para los presos de la vieja cárcel de la Audiencia que allí había y que sería derribada en 1928 (en su lugar está hoy un extremo de la Solana).

Hubo sus buenos sustos en esta playa, producidos por la resaca y el no saber nadar. Fue raro el verano en el que la prensa no recogiese alguna desgracia o algún salvamento de bañistas imprudentes que al llegar a algún sitio en el que no hacían pie cogían miedo o eran arrastradas por la marea, poniendo en peligro sus vidas.

La suerte propició que la mayoría se salvasen gracias a la ayuda de sus compañeras de playa o de los marineros que pasaban por allí con sus botes e incluso del vigilante de consumos que tenía su caseta en la punta del Parrote para evitar el desembarco de matute o contrabando en la zona. La Junta local de Salvamento de Náufragos solía premiar con medallas y diplomas a todos estos salvadores.

La construcción de la Dársena de la Marina, iniciada en 1907 y rematada en 1918, transformó todo ese espacio, cubriendo la playa de la muralla caída. En el 2008 los arqueólogos sacaron de nuevo a la luz los sillares del baluarte. Ese mismo año la Comisión Territorial do Patrimonio Histórico da Coruña decidió, con razón, que esos restos debían ser protegidos y conservados por formar parte del sistema de fortificación coruñés del siglo XVIII. Olvidaron a las mujeres de blanco, las únicas que realmente dieron, con sus baños, utilidad a las piedras del baluarte inacabado.

Historias con historia

Los trajes de baño dejaban solo al descubierto los brazos y las pantorrillas

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