Manuel Sánchez Salorio: «El médico tiene que meterse dentro de la piel del paciente»

Elisa Álvarez González
e. álvarez SANTIAGO / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

El oftalmólogo, que recibe hoy la Medalla de Oro de Santiago, dice que «no importarte la opinión de los demás es una descortesía»

14 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Erudito e irónico, recurre con frecuencia a frases célebres mientras habla de la vida y el trabajo, como cuando asegura sobre la carrera profesional que «el médico debe curar alguna vez, aliviar muchas, consolar siempre». Manuel Sánchez Salorio (A Coruña, 1930), no se toma los reconocimientos -hoy le entregan en Santiago la Medalla de Ouro da Cidade- como una invitación para su jubilación, «porque tengo 82 años, ya no los 70 de la jubilación».

-Coruñés del año, medalla del colegio médico, medalla de Santiago, le llueven los reconocimientos, ¿cómo los recibe?

-Como llegaron así, tan de repente y juntos, mi primera reacción fue la extrañeza, ¿por qué precisamente ahora? Pero enseguida la sensación se transformó en bien gratificante. Siempre he sido sensible al reconocimiento por parte de los demás. Mi ego tiende mucho más a la vanidad que al orgullo, alguien dijo que el hecho de no importarte la opinión de los demás es una descortesía, y estoy de acuerdo. Aunque por momentos me da la impresión de que esas medallas se las han concedido a alguien que no soy yo, o algo peor, que esa persona engañó a quienes conceden las medallas...

-¿Qué se gana y se pierde con los años en la profesión?

-Se gana y se pierde. El tiempo hace y deshace. Lo importante es llevar lo más lejos posible el momento en que empieza a deshacer. Se aprende a valorar unas cosas y ser más escéptico con otras. Y te das cuenta de que no cambia tanto la relación con el paciente a lo largo de los años. Dicen que la tecnología deshumaniza la medicina, pero la deshumaniza haber más elementos que comen terreno a la relación del médico con el paciente. Ahora bien, dar palmadas en la espalda no sirve de nada. Prefiero a un tipo que hable poco y me cure, a que me dé una palmada. El médico tiene que meterse dentro de la piel del paciente.