Borbones, libros, escopetas

Juan J. Moralejo EL ORÁCULO DE DELFOS

A CORUÑA CIUDAD

23 abr 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

D ice uno de mis maestros que a los Borbones es mucho más fácil encontrarlos con una escopeta que con un libro en la mano. De la mucha caza de varios de ellos tenemos crónica exhaustiva, incluyendo buenos cuadros y sin excluir crónicas y runrunes de cuando la pieza a cobrar era la bípeda implume, variedad femenina, en horas nocturnas en que a las demás piezas la ley les echa un capote. Alguno no cazaba, por ejemplo, Fernando VII, y mejor nos hubiera ido, si perdiese el tiempo con los conejos y no la decencia con los ciudadanos.

Con escopetas y con libros hizo buen papel Carlos III y de su hijo, el infante Gabriel, no nos queda memoria de escopeta, pero sí de que fue Borbón con libro, pues hizo una excelente traducción del romano Salustio (Yugurta, Catilina) y hay noticia también de que fue un excelente clavecinista que llegó a dar conciertos a dúo con su maestro, el P. Antonio Soler. De la muchísima escopeta de Alfonso XIII recordaré que uno de sus amigos de tiro y caza fue Juan Trillo Garriga, hijo de emigrante de O Barro (A Baña) en La Habana y miembro de familia extensa y bien conocida en Santiago, A Coruña... y en Carral, donde fue médico Manuel Trillo, también buen tirador, después de ser expedientado y expulsado de la Universidad en la Guerra Incivil.

Más o menos solventada daquela maneira la elefantiasis que padecimos días atrás, quiero hacer memoria del escopetazo sufrido por el infante Felipe Juan Froilán, que nos certifica que los genes borbónicos le madrugan y os cachos parécense ás olas. Tuvo mala suerte el crío, 13 años, pero su tiro nos levantó una pieza que puede ser de récord en la caza de especies sin puñetera gracia en lo que dejan salir por la boca: «Lamentar que el nieto del rey se haya pegado un tiro en el pie con la cantidad de sitios que hay en el cuerpo para pegarse un tiro», orneó un político extremeño.