Los mellizos no tenían juguetes

El asesino confeso actuaba con los niños como un dictador, dicen testigos


a coruña / la voz

Se están sabiendo ahora cosas de lo que ocurría entre esas paredes que ponen los pelos de punta. A medida que avanza la investigación sobre el crimen de los mellizos en A Coruña salen a la luz datos escalofriantes. Ahora se sabe, o al menos eso es lo que dijeron algunos de los testigos que declararon estos días, que Javier Estrada tenía sometidos a los críos a un régimen totalitario, donde los juguetes, la televisión o comer en familia estaba prohibido. Contaron que el autor confeso de las muertes «era un dictador», estaba obsesionado con la educación de los pequeños, con que no gritaran, que no corrieran, que no saltaran, con que pasaran el día estudiando. Una obsesión que chocaba de bruces contra el propio carácter de los pequeños, muy inquietos -uno de ellos era hiperactivo-. La propia madre declaró en la policía que en una ocasión el homicida la emprendió a puñetazos contra uno de los críos porque no había hecho los deberes, teniendo que ponerse ella en medio y rogarle que no lo volviera a hacer.

Relató una amiga de la madre de los niños que Javier Estrada, que había llegado a esa casa solo nueve meses antes del crimen, «no los quería». Lo que pretendía era ingresarlos en un centro y tener con María del Mar un hijo en común, llegando a convencerla de que se sometiera a un programa de fertilidad. Fue él, incluso, el que «de forma exaltada», según la directora del colegio de los mellizos, se presentó hasta dos veces en las aulas junto a María del Mar para exigir que se realizara un informe que facilitase el internamiento.

No lo consiguió y en ese piso de la calle Andrés Antelo, según algunos testigos, continuó un régimen espartano en el que los críos tenían que desayunar, comer y cenar en su habitación. De hecho, en esa casa no había ni una sola mesa, algo que sorprendió a la policía y que así hizo constar en el atestado de la inspección ocular. Como que tampoco hubiese un solo juguete.

Imputación de la madre

Con Javier Estrada en la prisión de A Lama como autor confeso del doble crimen de los mellizos, ahora todas las miradas se dirigen a la madre de los pequeños, imputada por un delito de omisión del deber de socorro. A falta del informe psiquiátrico del asesino para determinar si puede ser juzgado o no, solo queda por saber si la madre conocía y consentía los malos tratos hacia los críos por parte del homicida. Ella lo niega. Pero hay una amiga de la familia que dice lo contrario. Esa persona llamó al teléfono del menor dos meses antes del crimen para alertar de que los niños estaban siendo maltratados y desatendidos. A raíz de la declaración de esta testigo, el proceso dio un vuelco. Había que investigar hasta qué punto María del Mar era o no testigo de los malos tratos a sus hijos.

Ante estas revelaciones, los allegados a la madre de los mellizos piden que de los intentos de la madre de internar a sus hijos no se desprenda que no los quisiera o que quería deshacerse de ellos. «No es así», dicen. Aclaran que los niños, con problemas de conducta, necesitaban ayuda externa, una ayuda que ella no les podía dar. Como prueba, la carta que dicen tener en su poder en la que la directora del colegio se quejaba de la violencia de uno de los pequeños y que, de no cambiar, se vería obligada a expulsarlo.

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