Rastros de la Galicia glacial que rodeó a los hombres de Cova Eirós

La cueva de Triacastela fue una especie de oasis hace 26.000 años


MONFORTE / LA VOZ

La reciente datación de un colgante paleolítico y de otras piezas arqueológicas halladas en el yacimiento de Cova Eirós, en Triacastela, ha proporcionado la primera evidencia material de la presencia humana en la montaña lucense durante la última era glacial. Los estudios realizados en las últimas décadas por científicos del Instituto de Xeoloxía de la Universidade da Coruña y por otros investigadores permiten hacerse una idea de cómo era la Galicia de hace 26.000 años, en la que vivieron aquellos antiguos pobladores.

En opinión de Juan Ramón Vidal Romaní, director del mencionado instituto, Cova Eirós puede considerarse como «un modelo de vivienda prehistórica» propio de esa etapa. «El clima de la zona continental donde se encuentra la cueva era frío y las temperaturas medias en invierno debían de estar unos siete grados por debajo de las actuales -explica-, pero Cova Eirós está en un lugar abrigado y en ese período seguramente estaba bien provisto de vegetación».

Los grupos humanos que se movían entonces por el interior de Galicia -continúa el geólogo- tenían que buscar sus refugios «en los fondos de los valles donde la vegetación y los ríos caudalosos garantizaban protección, agua y caza para sobrevivir».

Bosques en las rías

Otros lugares aptos para albergar poblaciones humanas en esa época se encontraban en la franja costera, cuyo aspecto era muy diferente del de hoy. El nivel del mar estaba unos veinte metros por debajo del actual y las rías no estaba inundadas. «Eran valles fluviales donde las aguas corrían a través de espesos bosques como hoy ocurre en las Fragas do Eume», señala el científico.

Vidal apunta por otro lado que muchas de las huellas de los asentamientos humanos que existieron en esos territorios durante el Paleolítico probablemente desaparecieron bajo las aguas cuando subió el nivel del mar al final de la glaciación o quedaron cubiertas por las dunas que sepultaron gran parte de la costa, formando paisajes como los que hoy se ven en la playa de Trece y el Monte Branco, en Camariñas, y en otros puntos del litoral gallego. Por ello hay bastantes más posibilidades de encontrar el rastro de estas antiguas poblaciones en las grutas calizas del interior, como Cova Eirós, que pueden conservar artefactos y restos orgánicos de hace decenas de miles de años.

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