Las dos caras de la nevada en la comarca

Mientras los niños se lo pasaron en grande tirándose por el monte Xalo o Tabeaio, decenas de conductores padecieron el mal estado de las calzadas y muchas personas no pudieron llegar a la hora a sus trabajos


Si nunca llueve a gusto de todos, tampoco existe consenso con la nieve. Lo que en un lado de la moneda son risas y fiesta, en el otro son gestos de preocupación. Y es que en un día como el de ayer, a los pocos metros del lugar en el que unos niños se las ingeniaban para dar forma a sus muñecos de nieve, se podía ver a un conductor que aún conserva el susto en el cuerpo. ¿Por qué? No pudo dominar el coche y este se salió de la carretera. Solo quedaba esperar a que la grúa acudiera al lugar.

Eso ocurrió a primerísima hora. A partir de las once, las zonas nevadas se convirtieron en un imán para los que buscaban diversión. No había colegio y muchos padres acercaron a sus hijos a la nieve. Tomando la carretera de Santiago, esta se podía ver a partir de Altamira y en puntos como monte Xalo (Carral) se llegaron a juntar más de un centenar de personas. Además de los muñecos, el rito obligaba a un segundo tópico: el lanzamiento de bolas de nieve. Y un tercero menos ortodoxo: tirarse por ella y deslizarse con bolsas de plástico que hacían las veces de trineo.

Eso sí, para llegar allí los que procedían de A Coruña debían circular muy despacio. Los marcadores de velocidad no superaban los 30 kilómetros por hora. Las máquinas pisanieves pasaban constantemente intentando derretir el hielo y la nieve para mejorar la circulación. Ante la situación, no pocos conductores optaron por aparcar el coche y sumarse a la fiesta. Los paisajes nevados también se pudieron ver en Reborica, Cambás y Montesalgueiro (Aranga).

Salidas de vía

En otro de los tramos complicados de la comarca, la carretera de Arteixo, la AC-552, todavía se podían ver a las once de la mañana automóviles fuera de la vía. Los había en las inmediaciones del Quinto Pino y en Oseiro. También perdieron el control varios conductores en Alto Cruceiro, en Uxes, y en Morás un autobús sin pasajeros aguardaba a ser retirado a las diez y media. Una escena similar se podía contemplar en la cuesta de O Couso, en Mandaio (Cesuras).

«O meu marido tivo que dar a volta coa furgoneta do pan», explicaba una mujer en Uxes. En la familia de su vecina también se habían generado estos efectos negativos: «A miña filla saíu da casa ás sete e tivo que dar a volta. Non puido pasar para A Coruña ata as nove e, para iso, tivo que conducir moi a modiño».

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