Una papelería, una ferretería y tres mujeres empresarias


Nombres y negocios con solera. Vaya sol de primavera que nos regaló el último martes de enero. Al mediodía estuve en el Náutico con Fernando Solórzano y su esposa, Paula García Fernández-Tapias , y, como sugirió el nuevo presidente del club, Germán Suárez Pumariega , al que tuve la oportunidad de saludar, no hubiese sido mala idea haber sacado las mesas y las sombrillas a la terraza. Seguro que la iniciativa la aplaudirían José Sanz , Makuka Fandiño o cualquiera de los coruñeses a los que saludé, en especial la política del PP Elisa Madarro , que, tras unos meses con problemas de salud, ayer vi muy recuperada. Nombres con solera al igual que los negocios de los que les hablo a continuación. Empiezo por la papelería Jaspe, de la céntrica calle General Mola, que el sábado ya les anunciaba que iba a cerrar. Ayer fue el último día, el del adiós definitivo a ocho décadas al servicio de los coruñeses. Cierto es, como me recuerda Enrique Jaspe , el actual propietario, que en la calle Ramón de la Sagra van a continuar trabajando, pero no va a ser lo mismo. Ahí tienen al nieto del fundador echando el cierre. «Mañana -por hoy- voy a volver para recoger algunas cosas, pero ya no abrimos al público», afirma con voz nostálgica. Atrás quedan cantidad de recuerdos.

En 1928 inauguraba Joaquín Jaspe García la papelería en A Coruña y, 13 años después, Tomás Pérez Doporto abría al público la ferretería El Martillo en la plaza del Campo de Betanzos. «El nombre se lo puso mi padre, pero no sé por qué. Lo cierto es que los vendimos durante muchos años, pero ahora solo nos queda el martillo que está colgado en la puerta», apunta Tomás Pérez Gómez , hijo del fundador y actual responsable, que afirma que la tienda siempre fue «una torre de Babel en la que había de todo». Pues dentro de unos días, en cuanto agoten la existencias, sonará el último martillazo. «Me jubilo y me voy para casa. Nadie sigue con el negocio porque un hijo trabaja en las ambulancias y la hija estudió Derecho, así que...», explica Tomás con tono de resignación y nostalgia. Un golpe muy duro, el del martillo, para el comercio tradicional. Mujeres emprendedoras. Y con mucho mérito y solera. La Asociación de Empresarias de A Coruña organizó un homenaje a tres mujeres emprendedoras que contribuyeron al nacimiento del colectivo y fueron pioneras en el ámbito empresarial de la ciudad. Qué se puede decir de Elvira Otero Bermúdez , que fundó la mercería Elvira en 1954 en la calle San Agustín, o de Carmen Borrego Fernández , eterna directora del colegio Karbo y durante 35 años tesorera de la asociación. Y, para completar la terna de femeninos nombres ilustres, la farmacéutica Rosa Otero Raña , actual presidenta de las amas de casa y una de esas mujeres que siempre están dispuestas a ayudar cuando se lo solicitan. Llevan más de media vida trabajando y todavía siguen al pie del cañón. «Viene a la tienda todos los días», dice Esther, una nieta de Elvira. El reconocimiento público tuvo lugar ayer en la sede de la asociación, en la plaza Luis Seoane. «La que realmente merece este homenaje es Ángeles de la Iglesia, que estuvo desde el primer día y que fue la que más peleó para sacar este proyecto adelante», afirma Borrego con rotundidad. Ahí tienen a Elvira, Carmen y Rosa, tres históricas entre las empresarias de A Coruña.

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