«Bretones, bienvenue à Coirós»

Varios franceses conviven en Queirís mientras montan una fábrica láctea en Curtis


Coirós / La Voz

«Ya hace tiempo que Coirós está de moda, ahora tenemos bretones», ironiza un vecino de Queirís. Se refiere a varios trabajadores oriundos de esta parte de Francia que se han instalado en La Casona, un local junto a la N-VI, donde han hecho su casa mientras dure su trabajo en Teixeiro (Curtis), con la contrucción de una fábrica de lácteos. Desde el primer día su integración en este pequeño núcleo ha sido total. La interacción con los vecinos, a pesar de la barrera idiomática, es absoluta. Se agarran al botellín de Estrella Galicia como si fuese un salvoconducto para sentirse uno más. «¿Estrella Galicia?», pregunta el joven Alan Le Graër, de 26 años. Y aquí, donde se deberían entrecomillar algunos comentarios en francés o en español solo se pueden incluir onomatopeyas de placer o plenitud.

Alan es programador informático y el último en llegar a Coirós. Durante la entrevista le acompaña Yannick Eon, de 47 años, responsable del montaje de electricidad de la fábrica. Él ya acumula viajes pre y postpandemia desde su casa hasta Galicia, unos 1.400 kilómetros en coche, ahora que volar comienza a ser transporte de riesgo vírico. «En la Bretaña el covid pegó muy poco, fue más en la zona de París y en el nordeste del país». Otro aspecto más en común con Galicia. Porque siempre se habló del vínculo paisajístico entre la Bretaña francesa y el noroeste español. «Aquí llueve más», espetan a la vez. A Yannick le llama la atención la dispersión de casas y «la gran cantidad de edificios y construcciones que están sin acabar, supongo que por la crisis». Se hace entender a través de Paula, profesora de idiomas en el instituto Monte Neme de Carballo. Las palabras en francés se cruzan a veces con el inglés de Alan. En ocasiones surgen caras raras, mensajes encriptados, pero un lingotazo a la cerveza lo aclara todo. El lúpulo como idioma universal.

«Pulpó»

Roman es otro de los compañeros que va y viene desde Bretaña. Actualmente está en su país y, según aseguran sus paisanos, «habrá llegado allí con cuatro kilos más». Así comienzan a hablar de uno de los tópicos de Galicia. Yannick saca el móvil y muestra las fotos recientes tomadas a unos platos cocinados por María, la dueña de La Casona. Pronuncia «pulpó» con cara de alegría, y muestra calamares, y una carne espectacular que no sabe cómo definir. Su interlocutor se toma su tiempo para que aprenda una nueva palabra: «chu-rras-co».

Yannick se irá a finales de julio. Al joven Alan aún le queda hasta mediados de septiembre. Dice que ya sabe todo el español que necesita para sobrevivir:

-Camarero, dos cervezas, por favor.

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