Salen de casa y además van a la tuya

Profesionales de ayuda a domicilio o panaderos extreman las precauciones en las casas que visitan cada día


Coirós / La Voz

Hay una red de trabajadores que, además de tener que salir de casa, les toca ir a la de los demás en tiempos de reclusión. Acompañamos a uno de ellos, José Nogueira Moar, en su reparto domiciliario de pan por varias casas de Coirós. «Piden más pan del habitual, alguna empanada más incluso», dice sin parar de trabajar. La velocidad es clave para cumplir con todo el reparto y continuar con el trabajo en la panadería Moar, en el casco histórico de Betanzos. De momento no necesita mascarilla, y lleva guantes de látex. En la aldea de Os Chaos le recibe Luis Valiño, para quien el panadero se convierte en un fugaz momento social en estos días de encierro. «¿Ves? Guardamos las distancias en la entrega», señala José Nogueira haciendo un guiño. Todo es prisa. Se conoce cada bache de las estrechas vías, los atajos. Y los horarios de los vecinos donde deposita el pan. «Estos siguen yendo a trabajar», dice en una casa próxima ya a la N-VI.

Junto a la iglesia le recibe Belén Mahía, que cuida de sus padres. Esta auxiliar de clínica dejó su casa de A Coruña hace tres años para atender a su progenitor, víctima de un ictus. «Imagínate, un coronavirus en esta casa con él tan delicado», dice la vecina de Coirós, para quien la realidad que se está viviendo en todo el país «parece una película de ciencia ficción».

A pocos metros de esta casa quien recibe el pan de Moar es Sonia Iglesias, pero ella no vive aquí sino que acude a esta vivienda para atender a dos hermanos dentro del servicio de Ayuda a Domicilio del Ayuntamiento de Coirós. Desde que estalló la alerta del coronavirus, los panaderos ya no entran a dejar el pan en el interior. Pero para ella, en cambio, es fundamental en su labor de asear y dar el desayuno y la comida a los usuarios. Sonia es consciente de que debe extremar sus cuidados todo el día para no comprometer la vida de estas personas a las que visita. «Hidrogel cada cinco minutos, mascarilla y todo el material posible para no contraer el virus, es vital para mí pero sobre todo para estas personas a las que atiendo», señala Iglesias, quien estos días también hace alguna pequeña compra para alguno de los seis domicilios de Coirós que recorre. Desde el confinamiento hay dos servicios menos. «Los hijos de esos usuarios no trabajan y entonces son ellos los que los atienden, y además, ven más seguro que no entremos estos días, es comprensible visto el panorama», indica.

Muy escrupulosos

Por otro lado, varias panaderías del área metropolitana coruñesa indicaron que han dejado de prestar el servicio de reparto a domicilio porque no podían garantizar por completo las medidas higiénicas de sus empleados y sus clientes. «Desinfectamos furgonetas, tenemos mascarillas a cuentagotas y los guantes se rompen continuamente con las cortezas del pan», explica un empresario. Añade que muchos de los 200 domicilios que visitan a diario son de gente muy mayor, «es decir, grupos de riesgo que no entienden que hay que guardar una cierta distancia y acaban manteniendo contacto». Indica también que han recomendado hacer acopio de pan para tenerlo congelado.

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