Coirós, estación Términi

Dos italianos fundan en Armea un taller de restauración de muebles al tiempo de consolidar su curiosa historia de amor

Coirós, estación Términi Los italianos Luis Miguel y Laura fundan en Armea un taller de restauración de muebles al tiempo de consolidar su curiosa historia de amor

Coirós / La Voz

¿Qué pintan en una aldea de Coirós dos italianos que se conocen en Egipto? La respuesta es muebles. Los restauran, los adecentan y los pintan. Y no de cualquier manera sino con métodos tradicionales que han recuperado con bibliografía antigua y fórmulas incluso del siglo XV.

Bien, pero, ¿cómo acaban aquí? La culpa es de Luis Miguel Collavizza, la parte masculina de esta pareja de curiosa historia. Luis es de esos que cambia su modus vivendi de forma abrupta. Así lo hizo cuando trabajaba de banquero en Italia. Rompió con todo y se mudó a Egipto, donde vivió 20 años como monitor de submarinismo, guía turístico y experto en arqueología. Con la cada vez mayor inseguridad tras las revoluciones civiles («cada semana era como mínimo una bomba»), optó por dejar el país y pensar un nuevo destino mientras restauraba la casa de su madre en Guísamo (Bergondo), oriunda de este pueblo que abandonó para irse a Italia. Durante las obras, Luis Miguel encontró en Coirós una casa a su gusto, vivienda que también acoge su taller de restauración y a la que, tiempo después, se incorporó Laura Bendoricchio, su reciente pareja. 

Hablemos primero del trabajo (luego del amor). En esta casita de Armea han creado la firma Arte23. «El 23 se debe a una doble coincidencia: es el número de la casa que ha restaurado Luis en Guísamo y también mi fecha de nacimiento, en noviembre», explica Laura. Antes de abrir su negocio realizaron varios cursos en la Academia de Restauración de Milán. Hoy su taller ya acumula una aceptable carga de trabajo con clientes de A Coruña, Oleiros, Sada o Betanzos, de donde viven a dos pasos. «Restauramos muebles viejos en una amplia horquilla de precios, le decimos al cliente: ¿cuánto quiere pagar?», explica Collavizza. Y si el dinero no es problema, Luis Miguel y Laura desempolvan los viejos manuales y técnicas medievales para aplicar colores y barnices naturales, exentos de cualquier carga química. «Algunos manuales, como el de Cennini, están escritos en el mismo italiano que la Divina Comedia de Dante, no son fáciles de desentrañar», apostilla Laura.

Surge entonces la palabra «pátina» en medio de la conversación. Para ellos es la medida de todas las cosas, el alma del mueble que hay que rescatar y respetar. «Si una silla es antigua no hay que arreglarla con productos nuevos», dice Laura. «Por eso muchas veces reproducimos las antiguas pátinas, respetamos la edad del mueble en su aspecto exterior, eso es lo que le da valor», apostilla él.

Vamos ahora con la historia de amor. Laura y Luis Miguel -en el momento de la entrevista ella lleva un pendiente en forma de L y surge la duda si es un homenaje a su nombre o al de su compañero-, se conocieron en la costa de Egipto. Ella era turista y él monitor de submarinismo. Ella regresó a casa de las vacaciones, junto a su novio, quien luego sería marido y padre de sus dos hijas. La relación, como tantas, se rompió. Y Laura se reencontró un día con Luis Miguel. «Pasamos mucho tiempo como amigos, a ambos nos unía la pasión por el interiorismo, y se sumó a la empresa», relata Luis Miguel. El paso de amigos a socios subió un peldaño más una noche de agosto del 2015. Se encontraban en Betanzos y se dieron el primer beso cuando un gran globo de papel surcaba el cielo.

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