Un hostelero de Carral: «Só 600 metros, esa é a diferenza de vivir ou ir á ruína»

Medio kilómetro ha cambiado el destino de este restaurador que se libra del cierre del área de A Coruña

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a coruña / la voz

Poco más de medio kilómetro y la vida de Gonzalo Pablo sería muy distinta esta semana. La suya y de su familia, que regenta un negocio abierto en 1985 a los pies de la N-550. El Café Bar Mesía tiene código postal de Carral y, de momento, se ha quedado fuera del área perimetrada por la Xunta en el entorno de  A Coruña y donde la hostelería tiene orden de cierre, por lo menos, hasta diciembre. «Por moi pouco, temos a sorte de poder traballar algo», asiente Gonzalo. El restaurante familiar que arrancaron sus suegros es también hospedaje y administración de loterías. «Pero, todo depende do bar, unha cousa non traballa sen a outra», asiente.

El alivio por librarse de la restricción más dura, la clausura, es contenido. «Alégraste por ti, pero ves que os demais están pechados, aquí ao lado, e é unha pena. Cambre está a un paso. Só 600 metros, esa é a diferenza entre vivir e ir á ruína. Entre nós coñecémonos e moitas familias como a nosa viven grazas a un negocio familiar como este restaurante», cuenta Gonzalo. El día de ayer fue especialmente intenso. Como sirven menús del día, notaron una mayor afluencia de clientes, muchos transportistas, que ya se quedaron en Carral al estar el resto de los restaurantes de la nacional cerrados en su ruta hacia A Coruña. «Os traballadores teñen que comer nalgún sitio. Este luns si que notamos máis xente que na fin de semana. Agora hai que ver se iso se mantén», añade.

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Efecto rebote

Eso sí, el efecto rebote es contenido porque en Carral, aunque no tan duras, también hay límites, como en el resto de Galicia. «Non notamos todo o que poderíamos o aumento de clientes porque dentro do restaurante todo son recortes. O comedor está ao 50 % e non se pode atender na barra. Na terraza podemos atender ao 75 %», detalla el hostelero.

Desde marzo, destaca, el sector se ha esforzado por adaptarse. «Nós fixemos unha inversión moi grande para ampliar a terraza e poñerlle cuberta e cristaleira. É algo que fas sen saber que vai pasar, porque non o sabiamos, pero queres tirar para diante. Se agora tivésemos que pechar como tiveron que facer aquí ao lado...», queda pensativo. En ese caso sería más complejo cuadrar las cuentas para ir recuperando lo invertido, admite.

«Dentro do malo», continúa, se sienten unos afortunados viendo la situación de sus hosteleros vecinos, cerrados a cal y canto en los municipios de Cambre, Culleredo, Oleiros, Arteixo y A Coruña. «Respiramos tranquilos cando se anunciaron os concellos que entraban na zona pechada, pero tamén cremos que esa área se vai ampliar. Hai unha porcentaxe moi alta de posibilidades. Sinto pena porque hai negocios que están moi ben preparados. Aquí en Cambre algúns están tratando de ir tirando coa comida para levar, pero é complicado. No noso caso, temos unha empregada e esta é a principal fonte de ingresos de toda a familia. Este inverno non sei que vai pasar. Seguir polo menos como ata agora xa é suficiente para min, pero, ata que teñamos unha vacina, non vai haber unha solución», admite Gonzalo Pablo. En el número 7 de Tabeaio, y hasta que nada lo cambie, no falta un plato de comida caliente a la mesa en su local.

Un restaurante de Oleiros cierra el mismo día de su inauguración

A. S. R.

«Ahora me dedicaré yo a repartir comida a domicilio mientras mis empleados van al ERTE», lamenta el dueño del Café Poniente Restaurante

El de ayer era un día muy especial para Silver Roca. Este joven hostelero tenía previsto inaugurar a las ocho de la tarde su nuevo restaurante en Santa Cristina, la antigua Casa Pilar con el nuevo nombre de Café Poniente Restaurante. Las puertas del local y la cocina llevaban abiertas desde el lunes. «Cada día invitaba a un grupo de amigos para dar a conocer el nuevo local y la carta», explica Silver. Así que, de forma gratuita, puso a funcionar el negocio con la previsión de empezar a hacer caja desde el viernes por la noche. «Cuando oímos la noticia nos pusimos muy tristes, nos llenó de rabia, pero teníamos que reaccionar», asevera. Y esa reacción fue enviar a todo su equipo al ERTE excepto a un cocinero para preparar comida para llevar. «Yo mismo me voy a encargar del reparto este fin de semana, este viernes ya nos han encargado cinco pedidos de momento», señaló ayer al mediodía. El confuso anuncio de las medidas le obligó incluso a cancelar las mesas previstas para la noche del viernes. «Tenía ocho reservas con la inauguración, ¡ocho! y las tuve que cancelar porque al principio dijeron que se decretaba el cierre a las tres de la tarde, y luego dijeron que no, que era a la medianoche, pero yo ya lo tenía todo cancelado… llueve sobre mojado».

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