Un trotamundos de antifaz

Los chorlitejos grandes recalan en la ría en su ruta hacia el sur

Chorlitejo
Chorlitejo

Había quedado para tomar un café junto a la playa de Santa Cristina, pero llegué con tiempo para acercarme al paseo de tablas entre el parque de José Martí y la orilla de la ría. Frente a esa zona se suelen reunir en pleamar unas cuantas aves acuáticas, siempre que no se las moleste. Es un rincón ideal para observar a primera hora del día ostreros, zarapitos, garcetas o gaviotas de varias especies. La condición, ya digo, es no bajar al arenal que allí existe. Porque si se baja, las aves consideran roto un acuerdo y echan a volar.

Casi de inmediato captaron mi atención varias carreritas breves entre la arribazón de algas. Los prismáticos confirmaron mi intuición pajarera: eran chorlitejos grandes. La mayoría de ellos, aves jóvenes. Iban y venían de aquí para allá con toda su atención puesta en los para mí invisibles invertebrados que, a su vez, daban cuenta del menú vegetal allí abandonado por la última marea alta. 

Pequeños sabuesos

Parecían pequeños sabuesos en mitad de un campo. Solo que no se guiaban por el olfato, sino por la vista. La técnica consistía en permanecer muy quietos, con la cabeza erguida y sus grandes ojos oscuros atentos a cualquier presa potencial detenida más de la cuenta sobre un alga. A menudo, a cierta distancia. Cuando decidían aprovechar la oportunidad, corrían hacia allí y daban un bocado veloz, como quien coge con urgencia un pincho de tortilla de una fuente que se vacía demasiado rápido. Y vuelta a empezar.

Jugué a imaginarlos como gastrónomos trotamundos. Como una tribu de viajeros que fuesen por esta orilla del océano Atlántico degustando los mejores productos de las diferentes costas que visitaban en su ruta hacia el sur. Pero sin pagar. Y que por esto lucían en torno a sus ojos un antifaz negro en los adultos y marrón oscuro en los ejemplares jóvenes nacidos este año. 

Llegados del norte

Estos últimos tendrían muy pocos meses de vida, solo dos o tres. ¿Añorarían ya los paisajes donde nacieron? Probablemente no. Serían tantas las novedades que vendrían descubriendo en su viaje hacia el sur, que no les habría dado tiempo a pensar mucho en sus orígenes: acaso Escandinavia, o Islandia; o quizás Groenlandia, o las islas británicas...

Ya tendrán tiempo de acordarse de ellos a finales de invierno, me dije, cuando el impulso migratorio les invite a viajar de nuevo allí. Por ahora, tenían que aprovechar y comer. Acopiar energía para continuar su viaje hacia el sur, probablemente hacia playas africanas.

Sentí cierta envidia. Yo no iba tan lejos como ellos. Por el momento, mi destino era esa cita de trabajo tomando un café. Y ya me retrasaba un poco. De modo que guardé mis prismáticos y eché a andar, no sin antes prometerles que algún día intentaría hacerles una visita en cualquiera de sus hogares, de primavera e invierno.

Norte y sur

Cuanto de más al norte vienen los chorlitejos grandes, más al sur acuden a invernar. Algunos oriundos de Canadá o Groenlandia lo hacen en las costas del golfo de Guinea. Y al contrario: los nacidos en las islas británicas, por ejemplo, no viajan tan lejos.

Invernantes o de paso

No es esta una especie que críe en Iberia. Las poblaciones reproductoras más próximas están en el Reino Unido e Irlanda. En numerosos rincones de la costa gallega invernan grupos de diferentes tamaños.

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