«Solo puedo recordar a mi hijo tirado en la cuneta, no veía nada más»

Familiares de víctimas del Rali de Carral lloran a los suyos un año después del siniestro


Carral / la voz

«En el momento pensé que lo habían matado, me alegré mucho al verlo con los ojos abiertos y me agarré a eso». Así es como Virginia recuerda el momento en que su hijo Fabián resultó herido en el accidente del rali de Carral del que se cumplirá un año este lunes. Poco importa cuánto tiempo haya pasado, ella sigue teniendo muy presente aquel fatídico día: «Cuando todo ocurrió, solo puedo recordar a mi hijo tirado en la cuneta, no veía nada más», dice entre lágrimas. Virginia cuenta cómo fueron esos primeros momentos después del siniestro: «Mi obsesión era que lo atendiera un médico, así que mi cuñado y yo lo cogimos -estaba inconsciente- y nos lo llevamos al hospital».

El 5 de septiembre del 2015, en la zona de San Estebo de Paleo (Carral), la salida de uno de los vehículos del circuito provocó la muerte de ocho personas. Un año después, empiezan las misas de los familiares. El concello de Carral tiene prevista otra conjunta en la iglesia de la localidad.

El accidente dejó también, catorce heridos, entre ellos, Fabián, el hijo de Virginia. Así, con tan solo 10 años y a raíz del accidente, el pequeño tuvo que ser operado de urgencias por una lesión en el cráneo aquella madrugada. «Por suerte, no le afectó al cerebro. El médico me dijo que también tenía una lesión cervical y que había tenido mucha suerte», continúa la mujer mientras mira a su hijo. Tras la operación, «las 24 horas siguientes eran cruciales. Podía evolucionar bien, pero existía la posibilidad de que algo saliese mal», dice. Tuvo que guardar reposo 21 días y llevar un collarín otros tres meses, pero el joven está recuperado hoy casi por completo.

Fabián ha rehecho su vida con normalidad: «Empezó las clases en octubre, se adaptó a marchas forzadas y lo superó todo», sentencia su madre. Virginia no olvida a los «médicos, a las enfermeras y a todos los que en su momento cuidaron» de su hijo.

Las familias, un año de luto

No todos corrieron la misma suerte. Aquel día en que se celebraban las fiestas del Socorro, ocho personas perecieron junto a la carretera.

Los familiares de uno de los fallecidos, Marcos Prego, llevan desde entonces llorando la muerte del joven: «Parece mentira que esto fuera hace un año, es como si todo hubiera ocurrido la semana pasada». A. G., prima de Marcos vivió el accidente sin saber que, entre los afectados, se encontraba uno de sus familiares: «Vi cómo venía el coche. Recuerdo el caos, el ruido y a la gente gritando. Lo viví sin saber que allí estaba uno de los nuestros», concluye.

Una prueba para olvidar

Aquel día, cientos de aficionados a los ralis se acercaron para ver la competición. Iván, vecino de la zona, era uno de ellos. El joven recuerda nítidamente todo lo que pasó. Acompañado por su novia y algunos amigos, se situó enfrente de donde se produjo la salida de vía. En cuanto vio el siniestro, actuó de forma instintiva: «Miré hacia atrás y vi a mi novia con las manos en la cabeza y sin parar de llorar», explica. Para consolarla, «le dije que no había pasado nada, que esos vehículos eran seguros y que el piloto y el copiloto estaban bien». Iván admite que hasta que su pareja le señalo en dirección a la cuneta, no entendió la gravedad de la situación: «Cuando fui consciente, bajé a la carretera e intenté ayudar como pude, aunque me sentí impotente, no sé primeros auxilios. Con todo, asistí a una niña que estaba en el suelo inconsciente y cubierta de sangre e intenté consolar a otro niño», explica.

El joven reconoce que, aunque ha pasado tiempo desde que aquel coche se llevó la vida de ocho personas y dejó a otras catorce heridas, las imágenes del accidente siguen grabadas en su retina: «El recuerdo no se va a borrar, sobre todo el silencio que hubo entre la colisión y los gritos de las víctimas, fue eterno. Debieron de pasar unos treinta segundos», dice. Iván no fue el único que se lanzó a la carretera. Decenas de asistentes siguieron su ejemplo aquel día, asistiendo a algunos de los heridos que allí se encontraban.

El alcalde, en contra de que se repita allí la prueba

El trágico siniestro conmocionó también a las autoridades de Carral y Cambre que, casi un año después, siguen dando el pésame a las familias afectadas.

José Luis Fernández Mouriño, alcalde de Carral (PPdeG), tiene grabados en su memoria los hechos que allí acaecieron: «Había un silencio sepulcral. Solo se escuchaba el ruido de las ambulancias que iban y venían», sentencia.

Mouriño explica que los familiares y vecinos llevan flores al lugar a menudo porque «lo viven y lo recuerdan todos los días».

Además de la misa oficial, que está prevista para el próximo martes a las 21.00 horas en la iglesia de Carral, el municipio, los propios organizadores del rali y otras instituciones tienen previsto colocar un monolito conmemorativo donde se produjo el accidente.

José Luis Fernández Mouriño reconoce que la organización del rali aún no se ha puesto en contacto con el Concello para organizar una nueva carrera. Sin embargo, Mouriño tiene claras sus intenciones: «No quiero que pase por aquí, y menos por la curva donde se produjo el accidente», concluye. «La herida es reciente y la vida sigue, pero este tema aún suscita muchos recuerdos y mucha tristeza», añade.

Florinda Duarte, concejala y voluntaria de Protección Civil del Concello, ha tenido, desde el 5 de septiembre, una relación directa con muchas de las familias. Para ella, el aniversario del siniestro es una fecha fatídica: «Eu sei o que hai. Ás veces, non é necesario falar con eles para entendelos, cunha mirada xa chega», explica. «Para nós xa é duro, pero para os familiares este ano foi unha loita constante. Non o teñen que estar expresando de cara ao público, pero viven a súa dor intensamente», añade.

Florinda reconoce que, desde el día del accidente, ha preferido no acudir al lugar del siniestro: «É algo que procuro evitar, é unha especie de instinto que me di que non teño que ir», cuenta.

Una carrera que dejó ocho muertos y catorce heridos

El 5 de septiembre del 2015, la salida de vía de uno de los vehículos que participaban en el Rali de A Coruña (Carral) sumió en el horror a los cientos de asistentes que allí se encontraban. Ocho personas perdieron la vida y otras catorce resultaron heridas en la prueba.

Una suma de factores

Sobre las 19.30 horas, en el tercer tramo (a la altura de San Estebo de Paleo), un Peugeot 206 XS se salió de la curva y arrolló a una veintena de aficionados. Muchos de los espectadores se situaron en aquel lugar precisamente por considerarse una de las zonas más seguras para disfrutar de la carrera, la mayoría situados en la parte alta, cerca de los árboles. Sin embargo, el vehículo salió mal de una de las curvas y el conductor perdió el control.

El dolor de Carral y Cambre

La mayoría de víctimas del siniestro eran de Carral, y de Cambre. Cuatro vecinos de Cambre perdieron la vida en aquella carretera: Miguel Caridad y su pareja Ana Cayazzo, quien además, estaba a punto de dar a luz a su hija Candela. También murió la joven Laura Dubra. En Carral, la fatalidad se cebó con la vida de otros cuatro vecinos del municipio. Entre los fallecidos hubo dos menores de edad, Uxía M. y Aroa Manteiga. Sandra Ares, la madre de Aroa, falleció también en aquella carretera. Otro de los accidentados, Marcos Prego, aficionado a este deporte, pereció también durante el accidente.

La zona cero

Al lugar del siniestro acuden casi a diario familiares, amigos y vecinos. En la zona cero depositan flores y dejan mensajes de cariño a las víctimas. Ya ha pasado casi un año desde el siniestro, pero en Carral y Cambre todos tienen presentes a los que perecieron en la carretera aquel 5 de septiembre. Las familias comienzan ahora a organizar las misas en honor a los fallecidos.

 

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