La ciencia estudiantil sale a la calle en Cambre

El Open Sciene Cambre está organizada por los estudiantes del IES David Buján


Cambre / la Voz

Podría parecer a simple vista una feria de ciencias normal la que se celebra este fin de semana en Cambre, porque en la explanada anexa a la iglesia se colocaron varias carpas y dentro, chicos y chicas explicaban afanados sus descubrimientos y proyectos. Pero Open Science Cambre tiene un matiz muy diferente al resto: está pensada, diseñada y organizada por alumnos del instituto local, el IES David Buján, en concreto por un club de ciencias híbrido entre estudiantes y vecinos, el XentD100cia, aunque cuenta con la ayuda del Ayuntamiento local.

En sus carpas se repetía el modelo de otras ferias científicas: un colegio o instituto presenta un proyecto, iniciativa o experimento vinculado de alguna manera a la investigación, y los alumnos explican la génesis y resultados del trabajo.Como la propuesta del club de ciencias del instituto de Zalaeta (A Coruña), que tiene una App para el móvil que quiere sustituir a Google Maps para encontrar la mejor ruta en bici, en coche o andando por la ciudad; el Mapa Metro a Minuto A Coruña es el nombre de esta iniciativa que ahora tiene que perfeccionar su manejo. También estaban en Cambre los alumnos del IES Xunqueira II de Pontevedra, un referente en innovación pedagógica (está en el programa Piteas, que ahora se llamará SEMGal) y donde un grupo de chicas de tercero de ESO (Carmen, Aldara y Mónica) presentaban App Clever Mode, una serie de actividades sobre las ventajas e inconvenientes que para el empleo tendrá (tiene de hecho) el uso de la inteligencia artificial, con muñeco y robótica incluidos.

O las de las Josefinas de Ourense y su muestrario de aviones de papel, que analizaron para saber cuál era el más rápido (avance: el F18) y con una plataforma incluida desde la que lanzaban los aparatos Lía e Inés, que a veces tropezaban con el borde del hangar-carpa, demasiado bajo para sus exigencias. O el aerodeslizador de los jóvenes de Compañía de María de Santiago, espectacular invento que funcionaba de maravilla en las manos de Alba e Ismael.

Mientras unos y otros contaban las bondades de sus ideas, el equipo organizador iba resolviendo los problemas que una cita de esta magnitud tiene.¿Lo más complicado? «El alojamiento de los 140 alumnos que vinieron de otras lugares», explicaba Alicia González, una universitaria de cuarto año que participa en la agrupación científica local. Pero eran los estudiantes del IES David Buján quienes lo daban todo: Alba, Cristóbal, Marta y Nerea eran la cara de la caseta de información en el arranque de la feria, desde donde solucionaban los problemas con agilidad.

En el maremagnum de puestos también había espacio para organizaciones, desde la empresa de aguas de A Coruña (Emalcsa) hasta la Policía Nacional, que mostraba las ventajas de la ciencia en la lucha contra el crimen. Y muy cerca de allí, puestos llegados de otras partes de España, como los Vigilantes del Aire de Zaragoza, que analiza la calidad de un entorno a través de las fresas y que repartían plantas de esta fruta para que, en un momento determinado, los vecinos de la zona les enviasen las muestras y pudiesen saber cómo es el aire que respiran.

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