«Lo que más me sorprendió al llegar es que niños de solo 3 años ya sabían leer»

La escuela unitaria de Pravio, con diez alumnos, es la única que sigue abierta en Cambre


Cambre / la voz

Marta Sánchez Castro es de Lugo. Todos los días coge el coche temprano por la mañana y conduce por la AP-9 durante tres cuartos de hora para llegar a su puesto de trabajo en Cambre. «Sí, sí... Además del tiempo que invierto en estar en el coche, los viajes me suponen unos 400 euros al mes entre peajes y gasolina», dice. Pero está feliz.

Marta explica que empezó a trabajar en la escuela unitaria de Pravio el pasado mes de septiembre: «Yo llegaba de un colegio convencional en Coristanco y, aunque estaba un poco asustada por tener que estar yo sola y asumir todas las funciones de un centro escolar, ahora veo que no es para tanto», explica. Su escuela es la última unitaria del término municipal de Cambre y no esconde su temor a que ocurra lo mismo que pasó con las otras tres de este Ayuntamiento, que hasta el 2011 estaban repletas de niños y que fueron cerrando sus puertas de forma agónica. «Esperemos que el próximo año siga abierta. La previsión es que haya seis niños, por lo que en principio la Xunta no tendría por qué cerrarla», comenta haciendo mención también al anuncio del inminente cierre de la de Carnoedo, en Sada: «Sí... la verdad es que es bastante sorprendente lo que está ocurriendo allí», admite.

Más contacto con las familias

Explica que la forma de enseñar en una unitaria difiere bastante de la que se aplica en un gran centro educativo. Lo primero, y lo que más condiciona, es la implicación y el contacto con las familias: «En tan solo tres meses tengo más trato con las familias de Pravio que el que he tenido durante tres años con los padres de mis alumnos en mi anterior colegio. De hecho, los lazos que tienen estos niños son mucho más fuertes y, por mi experiencia, creo que también son más maduros y el espíritu de ayuda y de colaboración es más marcado». Marta comenta que los mayores los de 5 y 6 años, cuidan de los más pequeños: «Les ayudan a abrocharse los botones o, si van al baño, a subirse los pantalones. También les echan una mano con las tareas de clase. «Son como una pequeña familia. Y ese es el espíritu que se respira en la unitaria. De hecho, todos conocen a los padres de los otros niños y el contacto es continuo», explica.

Marta asegura que el trabajo en una unitaria no es fácil. «La maestra tiene que encargarse de todo. De absolutamente todo. Y eso se traduce en muchas horas extra. La contrapartida que tiene es que pasas mucho más tiempo con los niños y eso te permite hablar más con ellos y conocerlos mejor», explica.

Atención personalizada

Marta añade que la atención que se presta a los alumnos es más personalizada y eso combinado con la interacción constante con pequeños de más edad hace que el aprendizaje sea más fluido. «De hecho, lo que más me sorprendió al llegar es que niños de tan solo 3 años ya sabían leer. Y eso no es fácil conseguirlo en un aula con 25 niños», reflexiona.

La escuela unitaria de Pravio es una auténtica joya. El Concello de Cambre restauró el antiguo inmueble donde hace decenios ya estudiaron los abuelos y bisabuelos de los actuales alumnos, respetando las características del edificio. De hecho, dentro se conserva la lareira y el fregadero de granito. Los padres de los alumnos, lejos de pensar en un posible cierre, piensan en cómo ampliar los servicios de la unitaria y han planteado la posibilidad de recuperar la casa del cura para que funcione como comedor y zona de almacenaje. «Ellos luchan para que la escuela unitaria siga abierta. A ver si lo consiguen», dice con esperanza.

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