Combatiendo el jabalí en territorio humano con arcos y flechas

toni silva A CORUÑA / LA VOZ

CAMBRE

IAGO GARCÍASENÉN ROUCO

La Xunta autoriza a tres arqueros a eliminar los ejemplares que se pasearon en fila india por Cambre

16 nov 2016 . Actualizado a las 19:39 h.

Cuando usted lea estas líneas, dé por seguro que habrá pasado mejor noche que César, Óscar y Toni. Estos tres arqueros apenas han cenado, dos de ellos se han apostado en sendos árboles a cuatro metros de altura y otro se ha escondido al pie de un tronco entre matorrales. Separados, sin poder hablar entre sí, y con el cuerpo al incómodo relente de una noche de noviembre.

Pero es el precio por llevar al extremo su gran afición por el tiro con arco. Los tres han sido convocados para una batida autorizada por la Xunta después del famoso paseo de ocho jabalíes por el centro del barrio de O Temple, en el municipio de Cambre, donde la Policía Local recogió en vídeo la disciplina militar de la manada para avanzar en fila india.

Pero la simpática anécdota encierra graves riesgos para la seguridad viaria y las Administraciones abogan por reducir la población de jabalíes en esta zona de intenso tráfico, próxima a A Coruña. Como entre las numerosas viviendas del escenario de la cacería no se pueden liar a tiros, la Xunta ha concedido el permiso para cazar cuatro ejemplares con arcos y flechas, un método utilizado recientemente en Navantia, cuando otro jabalí se coló en las instalaciones del astillero de la ría de Ferrol.

Los tres arqueros convocados por el tecor de Cambre ocuparon sus posturas en cuanto se puso el sol y con ropa de camuflaje, tratada previamente para no desprender ningún tipo de olor. Tampoco era el día para ponerse desodorante. Cualquier pista de hábito humano aleja a estos bichos y pueden echar por tierra tanto tiempo de espera. «Si orinamos es en botes, que cerramos herméticamente, nada de olores».

Horas antes de anochecer han estudiado al terreno, porque no vale cualquier árbol. César Gómez señala las marcas del tronco al que se subirá su compañero Óscar Novás. «¿Ves? Está rascado, aquí se rozan para desparasitarse, y este también lo han marcado los machos con las navajas». Lo dice confiando en que en las próximas horas regresen para repetir. Será la oportunidad para probar su puntería con el arco. César aún no ha tenido fortuna en esta suerte. «Jabalíes he matado bastantes, pero solo con escopeta». El permiso de la Xunta expira a las cuatro de la mañana y César se debate en qué hacer después. «Entro a trabajar a las seis... ya si eso ni me acuesto».

Toni Castro ha ocupado esta noche un árbol próximo a la zona de baño de los jabalíes. «Son animales limpísimos», destaca. Además de acertar con la flecha si se da la ocasión, su principal quebradero de cabeza es otro.

-Eu fumo unha cajetilla ao día.

-¿Aguantarás tantas horas?

-Que remedio.

El móvil será fundamental para coordinarse si asoman los animales. Tienen un permiso para matar en total cuatro ejemplares esta semana (esta noche repetirán la faena), así que si alguno atina se lo comunicará a los otros por WhatsApp. «Pero os móbiles, en absoluto silencio, os xabarís escoitan calquera ruidiño a 200 metros», explica Toni, quien hace pocos días vio pasar ante su casa un ejemplar de más de cien kilos. «E outro máis pequeno feriu a nove cans nunha batida...», añade mientras se enfunda dos camisetas térmicas y otros tantos forros polares. Y siempre bajo la estricta moda del camuflaje.

«¿Sabes por qué vemos tantos xabarís? Porque alá arriba no monte xa apenas hai cultivos... e se houbese máis carballos e nogueiras en vez de tanto eucalipto non baixaban comer o noso lixo». Acaba la frase y se hace el silencio. Comienza la espera.