Peluqueros y hosteleros vieron alterada su labor

La Voz

CAMBRE

Aunque finalmente las obras no impidieron disfrutar del suministro de agua en las zonas afectadas, algunos comercios no pudieron evitar que la medida alterara el transcurso habitual de su trabajo. Las más perjudicadas fueron las peluquerías, especialmente las de mujeres. En Vangarda, establecimiento de O Temple, sólo habían recibido tres clientas durante la primera hora. Habían preparado recipientes con agua caliente, pero el problema es que muchas señoras, ante el aviso del cierre, no acudieron al suponer que no serían atendidas. Los trastornos también se hicieron extensivos a las cafeterías. Silvia Rodríguez, dueña de la cafetería Chamarel, en la cuesta de la Tapia, se había anticipado a la carencia de agua. Había dispuesto cubos para atender las necesidades más básicas, cambiado los turnos y adelantado el horario de las comidas. Todas estas medidas terminaron siendo innecesarias, lo que provocó en Rodríguez un cierto malestar. «No pueden tenernos todos los días en ascuas», protestó.