Su ciudad natal ovacionó un discurso en el que exaltó las tradicionales locales y reivindicó el protagonismo de las mujeres
15 ago 2026 . Actualizado a las 12:30 h.Hay deudas que la Administración no es capaz de liquidar por más tiempo que transcurra, pero que la memoria de un pueblo sabe saldar con muestras de cariño. Sobre el balcón del consistorio de Betanzos, no solo resonó ayer el garelazo (estruendo pirotécnico) de inicio de las fiestas patronales de San Roque. Resonó, por encima de todo, el aplauso unánime de una multitud dispuesta a devolver la dignidad, el espacio y la voz a quien un día se lo arrebataron todo sin pruebas. El pregón de Dolores Vázquez Mosquera supone el cierre simbólico de una herida abierta hace más de dos decenios.
Para entender la dimensión de la ovación que ayer hizo retumbar la Praza da Constitución brigantina, resulta imprescindible detenerse en la trágica cronología del caso Wanninkhof. Fue allí, en el infierno de un juicio paralelo, una condena de un jurado popular sin indicios sólidos en el 2001 y 519 días entre rejas antes de que la detención de Tony King sacase a la luz la verdad, donde Dolores Vázquez conoció la cara más amarga de la indefensión. Exonerada por la Justicia, pero abandonada por el Estado a la hora de recibir la compensación económica que merecía, el verdadero respaldo siempre lo tuvo en sus orígenes.
Mientras el foco mediático la estigmatizaba, Betanzos actuó como escudo y refugio. Ese vínculo indestructibles se palpó en cada frase de un discurso emotivo y medido. «Cambié de paisajes. ¡Sí!, pero jamás de mis raíces. Betanzos siempre en mi memoria, siempre en mi corazón... ¡Solo los gallegos entendemos la morriña!», proclamó emocionada, rememorando los años en los que la presión la obligó a alejarse físicamente de su tierra, refugiándose en Inglaterra, pero nunca de su sentimiento.
Lejos de la amargura o el rencor, que ya expuso que no guarda, Vázquez regaló a sus vecinos una lección de entereza. Tras recibir reconocimientos institucionales previos —como el premio feminista Úrsula Meléndez de Texeda de Betanzos o la Medalla a la Promoción de los Valores de la Igualdad del ministerio—, la condición de pregonera representó una auténtica alfombra roja de desagravio popular. Así lo consideró la alcaldesa, María Barral, que siempre ha defendido que hay una deuda institucional con ella. Barral pidió a los vecinos que llenaban la plaza un «fortísimo aplauso para que note o calor de Betanzos para Dolores Vázquez, unha das nosas!» y la ovación fue unánime.
«Guerreiras»
En un guiño tan fino como combativo, la pregonera propuso entre risas rebautizar la tradicional Ciudad de los Caballeros como la ciudad de «as damas e guerreiras». Una clara apuesta al lenguaje inclusivo y al protagonismo femenino, del que deseó que alguien recoja el guante.
Una afirmación en la que resultaba imposible no verse reflejada a sí misma: una mujer resiliente que ha sabido mantener la cabeza alta tras resistir el embate de la mayor injusticia.
Su pregón reivindicó el espíritu festivo y algunos de los grandes símbolos de Betanzos: la tortilla, las romerías fluviales de Os Caneiros, el Blanco Lexítimo, el patrimonio y, por supuesto, el globo de Betanzos, que este 16 de agosto alcanzará su 151.ª edición, siguiendo los patrones de Claudino Pita.
«Ni la NASA, ni Elon Musk, ni los mejores ingenieros entienden cómo funciona nuestro globo. Ese coloso de papel se alza rozando el cielo y es betanceirismo puro volando hacia el universo... y bien cargaíto de nuestros mejores deseos», dijo, entre la reivindicación de las tradiciones y el orgullo por una ciudad que sigue haciendo de sus símbolos una forma de identidad.
«Gracias de corazón por tantos años de apoyo y cariño», indicó antes del grito final de «¡Viva Betanzos! ¡Viva San Roque!», que marcó el inicio de once días de festejos, pero dejó en el aire un poso mucho más profundo. La historia penal y mediática de Dolores Vázquez quedará para siempre en los libros del derecho procesal como el ejemplo de lo que nunca debe repetirse; la imagen de ayer en el balcón del Concello, en cambio, quedará en la memoria local como el día en que un pueblo dictó su propia sentencia: la de la reparación, el afecto incondicional y la justicia de la memoria.
No fue la única imagen memorable del día. Este año, y después que su ausencia provocara la escisión del grupo popular, los ediles del PP volvieron al balcón del consistorio en el inicio de los festejos. El cambio de la reina por un representante en el 2024 llevó a los populares, aludiendo a la pérdida de tradiciones, a no participar en la elección. Los ediles Manuel Martínez y Pablo Villaverde no siguieron la directriz y optaron no solo por acudir, sino por pasar a ser no adscritos. En mayo anunciaron que concurrirán a los comicios por el Partido dos Veciños. Este viernes volvieron a compartir balcón y aplaudieron juntos a la representante, Myriam Arnoso Roca. Habrá que esperar a ver si hay más aproximaciones.