Teo Martínez: «Quieren que sea una figura importante desde el inicio»

T. R. Núñez A CORUÑA

BETANZOS

Teo Martínez, en la cancha de baloncesto de la Fraser Valley University de Canadá, donde continuará con su carrera deportiva y estudiará Comercio Internacional
Teo Martínez, en la cancha de baloncesto de la Fraser Valley University de Canadá, donde continuará con su carrera deportiva y estudiará Comercio Internacional

Formado en el Santo Domingo de Betanzos, acaba de llegar a Canadá para jugar en la máxima categoría del baloncesto universitario

07 ago 2026 . Actualizado a las 10:38 h.

Con el baloncesto grabado en los genes como hijo del exjugador de la ACB Carlos Martínez, Teo Martínez (Betanzos, 2008) ha dado el salto más importante de su carrera (por el momento). Formado desde los cuatro años en el Santo Domingo de Betanzos, al que considera «una gran familia», este alero de 2,01 metros y 17 años lleva apenas dos semanas en Canadá adaptándose a su nueva rutina en la Fraser Valley University, donde competirá en la primera división universitaria mientras estudia la carrera de Comercio Internacional. 

—¿Cómo surgió la oportunidad de fichar por la Fraser Valley University de Canadá?

—En diciembre, mientras jugaba en el Obradoiro, se me acercó un representante de Madrid. Me dijo que le gustaba mi forma de jugar y que quería trabajar conmigo. Tenía bastantes contactos en universidades canadienses, me explicó cómo funcionaba el tema de las becas y me contó las experiencias de otros españoles. La idea me interesó desde el primer momento y nos pusimos a buscar equipo.

—¿Y qué te dijo tu padre al respecto?

 —Está supercontento, pero me advirtió desde el primer momento de que esto conllevaba una gran responsabilidad. Los entrenadores iban a ver vídeos de mis partidos y entrenamientos, así que había que tomárselo muy en serio.

—Vas a competir en la primera división universitaria canadiense. ¿Qué tal el ritmo y la exigencia física? 

—Todavía no ha empezado la competición de manera oficial, pero a finales de julio jugamos contra un equipo estadounidense en la Superliga universitaria y me di cuenta rápido de que, a nivel físico, esto va a ser muy exigente. El ritmo de juego va a ser brutal, habrá mucho contacto… ya me hago una idea de por dónde van a ir los tiros. Aquí el equipo juega bastante duro; pelean cada rebote como si fuese el Santo Grial, se matan por él.

—¿Qué rol o expectativas te han transmitido para tu primera temporada? 

—Ellos entienden que soy un chaval joven y que estar tan lejos de casa a esta edad puede ser duro. Pero, al mismo tiempo, también tengo que ser consciente de que soy el jugador internacional del equipo y de que ocupo una beca universitaria, lo que supone un peso económico y una responsabilidad que otros chicos de aquí no tienen. Quieren que asuma galones y que sea una figura importante para el equipo desde el principio.

—Vas a estudiar Comercio Internacional. ¿Por qué te decidiste por esta carrera?

—Desde pequeño me han interesado los números, el márketing, los mercados internacionales y, por suerte, tengo facilidad para los idiomas. Después de esta experiencia acabaré con un nivel de inglés increíble, y seguro que no me costará aprender un idioma nuevo o retomar el francés, algo que también me servirá en el futuro.

—El sistema universitario de allí destaca por facilitar mucho la vida a los deportistas de alto nivel. 

—Sí, ayudan muchísimo a los estudiantes. En esta universidad no solo hay un equipo de baloncesto de alto nivel, también lo hay de hockey, fútbol, voleibol… y tienen muy en cuenta que podamos compaginar los estudios y el deporte. Por ejemplo, a la hora de matricularte, el propio sistema bloquea las asignaturas si te coinciden con los horarios de entrenamiento, dejándote incluso un margen de media hora antes y después para que puedas llegar a la pista o a clase sin problema.

—¿Te está suponiendo alguna barrera el idioma? 

—Siempre he tenido buen nivel de inglés. Desde pequeño veo películas en versión original, me gusta la música en inglés, mis padres tienen amigos en Inglaterra con los que hablo a menudo… Son pequeños detalles que van sumando. Aun así, a veces hay expresiones o frases hechas que se me escapan; sobre todo cuando me reúno con compañeros del equipo fuera de la pista y hablan rápido, la cosa se complica un poco, pero acabo entendiéndolos a todos.

—¿Y a nivel cultural notas mucho choque? 

—¡Eso ya es otra historia! (Ríe). Por ahora, hasta que empiecen las clases, me estoy quedando en casa de un compañero y sus horarios son un mundo aparte. Ellos desayunan a las ocho de la mañana, comen a las doce y cenan a las siete. Yo, en cambio, desayuno a las doce, como a las dos, meriendo a las siete y ceno a las diez de la noche, cuando él ya está casi durmiendo. Otra cosa súper distinta es el tema del coche: aquí lo necesitas absolutamente para todo, ¡hasta para ir a por el pan! Las distancias son enormes y todo está muy separado.

—Eres el primer betanceiro que va a jugar en una liga universitaria en Canadá. ¿Qué se siente? 

—Siento mucho orgullo. Ya cuando me fui a Santiago a jugar con el Obradoiro me hizo muchísima ilusión. Normalmente, en la ficha de presentación cuando llegas aquí ponen tu foto y, por lo general, el país del que vienes. Pero en la mía pone: Betanzos, A Coruña, España.

—¿Y cómo les vas a explicar a tus nuevos compañeros lo que es el Globo de Betanzos? 

—(Ríe). Es difícil, la verdad, pero a uno de ellos ya se lo he intentado explicar. ¡Y también lo que son Os Caneiros! Alucinó bastante.

—¿Qué crees que es lo que más vas a echar de menos?

—La comida, sin ninguna duda. Los huevos aquí saben a pura química, hay muchísima comida basura... y no hay jamón serrano, ni fuet, ni callos, ni una buena tortilla. Cuando vuelva a casa en Navidades no voy a parar de comer (ríe).

—¿Dónde te ves o dónde te gustaría estar cuando termines tu etapa universitaria?

—Mi sueño siempre ha sido poder dedicarme profesionalmente y vivir del baloncesto, y creo que conseguirlo depende de mí. Pero bueno, si al final el baloncesto no funciona, tendré una carrera universitaria que me encanta y me llevaré una experiencia irrepetible.