Desde el gabinete de prensa del Área Sanitaria de A Coruña y Cee: «La comunicación es una parte esencial del proceso asistencial»

Fernando Molezún A CORUÑA / LA VOZ

BETANZOS

Juan Pérez, Cristina de la Vega y Kiko Fernández, en el lugar donde hasta hace unos meses estaba el Gabinete de Comunicación del Área Sanitaria de A Coruña y Cee, en el demolido hotel de pacientes del Chuac.
Juan Pérez, Cristina de la Vega y Kiko Fernández, en el lugar donde hasta hace unos meses estaba el Gabinete de Comunicación del Área Sanitaria de A Coruña y Cee, en el demolido hotel de pacientes del Chuac. CÉSAR QUIAN

Pioneros de la información sanitaria, Cristina de la Vega, Kiko Fernández y Juan Pértez celebran 35 años de la creación del gabinete

01 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Son los que nos informan a los medios del estado de salud de los bomberos heridos en los incendios forestales del pasado verano, los que durante la pandemia nos hacían llegar diariamente las cifras exactas de ingresados por covid y los que cada año nos trasladan nuevos récords en trasplantes de nuestro hospital. Cristina de la Vega Jiménez (Madrid, 1966), Juan Pérez Longueira (Sada, 1970) y Kiko Fernández Porto (Betanzos, 1973), forman el Gabinete de Comunicación del Área Sanitaria de A Coruña y Cee, el primero que se formó, hace ya 35 años. Premios como el Luis Tilve o el Gregorio Marañón atestiguan esa necesaria labor de puente informativo entre el quirófano y la ciudadanía porque, según afirman, «la comunicación es una parte esencial tanto del proceso asistencial, como de la educación sanitaria de la sociedad».

P. ¿Cómo nació el gabinete?

Cristina de la Vega Jiménez. La primera en llegar fui yo, en 1991, justo para el primer trasplante de corazón y la visita del doctor Barnard. Me recibió el doctor Pimentel, y el primer día me presentaron al doctor Buitrón, que se iba a Zaragoza a por un corazón. Me dijo que me fuese con él. Cuando vi el cadáver del donante, un chaval joven, me dijo Buitrón «Periodista, si te vas a desmayar, haz el favor de caer hacia atrás». Empecé a llorar, porque no podía parar de pensar en los padres del chico. «¿Y no puedes pensar en los hijos de quien va a recibir el corazón?», me preguntó el doctor. Ese fue mi primer día de trabajo.

Juan Pérez Longueira. Yo entré en 1993 para hacer prácticas y me enamoré del hospital. Me pareció el sitio más increíble del mundo. Es el centro de conocimiento más grande de la ciudad, con unos profesionales que fueron siempre muy generosos compartiendo ese conocimiento.

P. Ha cambiado mucho el Hospital de A Coruña desde entonces.

Kiko Fernández Porto. Cuando llegué yo, en 1995, solo existían dos edificios, el antiguo Hospital Juan Canalejo y el Teresa Herrera. Ahora trabajamos con cinco centros, con el Hospital de Oza, el Abente y Lago y el de Cee, con el instituto de investigación Inibic y el Centro Tecnolóxico de Formación, aparte de los 72 centros de salud, 13 puntos de atención continuada, los centros de especialidades de Carballo, Betanzos y Ventorrillo... Pero siempre hemos tenido un sentimiento de pertenencia casi familiar. Es nuestro hospital.

P. ¿Se entendió en el hospital cuál era su papel?

K. F. P. Al principio los médicos utilizaban con nosotros una terminología muy técnica. Creían que era información que iba para otro colega. Pero explicábamos que había que utilizar un vocabulario al alcance de todo el mundo. Ahí está también nuestra función, traducir pero sin vulgarizar la ciencia.

C. V. J. También hemos contado con gente que era magnífica comunicando, como Alberto Juffé, que era enormemente didáctico.

P. Han tenido que vivir situaciones complejas de comunicar.

C. V. J. Los naufragios, con los familiares preguntando si está en la lista de ingresados su hijo o su marido, que iba en el barco hundido. O accidentes como el del rali de Carral o la desgracia de los héroes del Orzán. En esos casos tienes que intentar combinar el derecho a la información y facilitar el trabajo de los medios con proteger a las familias devastadas por la desgracia.

K. F. P. O los heridos del accidente de Angrois. Familias desesperadas que no encontraban a sus seres queridos por ningún hospital. Ahí lo único que puedes hacer es acompañarlas.

P. También tuvieron que gestionar toda la pandemia.

C. V. J. Fue un momento devastador. Fue muy complicado luchar contra la desinformación y las noticias falsas. Ya los primeros días empezó a circular un audio de una supuesta enfermera del Chuac, que no lo era, que decía que teníamos escondidos a pacientes con covid en el hospital. Entendí que ese tipo de rumores iban a ser constantes, así que me puse en contacto con cada uno de los medios de comunicación para decirles que no íbamos a entrar en esa dinámica de tener que desmentir constantemente bulos. Apelé a la responsabilidad colectiva diciendo que solo lo que saliese del gabinete sería información clínica veraz, y la labor de los medios fue ejemplar.

«Al final somos contadores de historias, y en el Chuac tenemos muchísimas»

La historia reciente de la ciudad pasa necesariamente por el Chuac, tanto en lo referente a los grandes hitos científicos como a los momentos más dramáticos, y hasta lo deportivo. Y los encargados de dejar testimonio de la misma son los tres periodistas que están al frente del gabinete: «Al final nosotros somos contadores de historias. Y aquí de eso tenemos muchísimo, algunas buenas y otras malas», explica Juan Pérez Longueira.

C. V. J. Recuerdo un día que nos llamó el doctor Enrique Quiroga diciendo que había un niño, Emilio, que estaba esperando un corazón, pero que estaba muy bajo de ánimos y que la cosa no pintaba bien. Necesitaban subirle el ánimo como fuera y era un forofo del Dépor, así que nos pusimos en contacto con el club y vino Mauro Silva. Conoció al chaval y desde entonces venía constantemente. Nos llamaba diciendo que tenía un rato y que si podía acercarse a verle. Así hasta que pudo hacerse el trasplante.

J. P. L. Fue el año en que ganó la Liga. Irureta encerró al equipo en el hotel dos días antes de jugar contra el Espanyol. Pero Mauro se las arregló para llamarnos y preguntar por Emilio y decirnos que, si podía trasladarse, le dejarían entrar al estadio. Era el día antes del partido en el que ganarían la Liga. No dejaban entrar ni a los medios de comunicación. Pedimos permiso a los médicos y allí nos fuimos en mi coche Cristina, Emilio, su madre y yo a Riazor. Tenemos una comunión con el Dépor muy importante, siempre han estado atentos con lo que les pedimos.

P. ¿Se acostumbra uno a convivir con situaciones dramáticas?

C. V. J. No. Es más, siempre he dicho que el día que sea inmune al dolor ajeno, habrá llegado el momento de irme de aquí.