Taïn, cantante: «Ahora estoy muy a gusto, pero me costó salir del círculo vicioso de lo urbano»

BETANZOS

Nora Galván

Tiene 23 años, vive en Betanzos, acaba de lanzar su primer epé y es la joya del indie rock que Galicia se dispone a exportar.

17 jun 2024 . Actualizado a las 22:19 h.

No es que Jorge Taín un recién llegado. Con su anterior proyecto, de corte urbano, llegó a telonear a Trueno en el Coliseum de A Coruña. Con el actual, Taïn se adentra en el territorio sonoro del indie rock poderoso y al tiempo melódico, con una profunda carga de crudeza emocional, no exenta de poética y con ese cierto flow a la hora de cantar que atinadamente ha sabido mantener de su etapa anterior. Su carta de presentación discográfica es Amor subterráneo Vol. 1. Una arrolladora combinación de pegadizas melodías y desbocadas guitarras, de angustias generacionales y letras en carne viva, que llega de la mano de Esmerarte y bajo la producción de Juan de Dios, que no son pequeñas credenciales para un debut.

—Entre lo anterior que conocíamos de ti, Alem, y este Taïn hay más que sensibles diferencias. ¿Por qué le diste la vuelta a tu proyecto?

—Más que nada fue por una evolución personal. Dejé de encontrarme a gusto en el círculo urbano en el que movía, en el que había muchos clichés y muchos prejuicios. A mí siempre me ha gustado cantar y entonar. Y mostrar los sentimientos tampoco estaba bien visto. Me decían que era rap rosa. Así que empecé a jugar con las guitarras y a hacer canciones desde cero y no sobre un loop. Y a partir de ahí fui evolucionando. Me costó, eh! Me costó salir de allí, más que nada, por lo que pudieran decir. Pero me fui atreviendo a hacer cada vez más cosas y me alejé de aquel círculo, que era un poco vicioso y negativo.

—¿Ves menos agresiva y menos tóxica la escena del rock que la del rap?

—Yo diría que sí. De hecho, unos de mis primeros contactos con el mundo del indie y del rock fue con Iván Ferreiro, a quien yo lo considero como mi padrino. Coincidí con él en un festival, estuvimos charlando y enseguida me invitó a ir a su casa su casa, me puso sus canciones... Imagínate... Que alguien tan importante en la industria te acoja en su casa, te dé ánimos y te diga que te va ayudar en todo lo que necesites. Te quedas en estado de shock. Eso en el rap no pasaba. Era todo mucho más competitivo. De lo que se trataba no solo era de intentar subir tú sino, de paso, intentar ahogar al resto.

—Y llegas, ni más menos, que de la mano de Esmerarte.

—A Esmerarte llegué a través de Gandy [el músico coruñés Francisco Gómez Seijo]. Les presenté mi proyecto, me dijeron que me veían potencial, me metieron en la desarrolladora y allí estuve trabajando dos años en la sombra, hasta que ahora ha salido este primer epé.

—Producido por Juan de Dios,

—A Juan de Dios no lo conocía. Yo es que ni conocía a Deluxe (se ríe). Luego, cuando a empecé a investigar, flipé. Y cuando llegué al estudio y vi las cosas que hacía, me parecía increíble.

—Para ubicarte, tu hoja de promoción cita como referencias a Walls, a Hens o a Delgado. Pero también es posible encontrar conexiones con bandas como Shego o con los mismísimos Carolina Durante.

—Me apasiona la manera en la que viven los conciertos Carolina Durante. La verdad es que sí que conecto bastante con ellos. También tengo como referencia bandas como Arde Bogotá, Viva Suecia, Sidecars... Todos esos grupos que están renovando un poco la escena del rock.

—En «Contigo» haces una referencia a la canción «1932», de La M.O.D.A.

—La M.O.D.A. es una banda sonora muy recurrente en mi día a día. Y 1932 una de mis canciones favoritas. Hay una frase en ella, «volver a volver, sabes que saber que no estás y yo nunca estaré abrumador», que me pone la piel de gallina. Me parece abrumadora. Y quise citar esa canción porque tiene un contenido muy similar a Contigo.

—¿Te has planteado hacer algún tema en gallego?

—Sí, me gustaría hacer un tema en gallego y utilizar música folklórica e instrumentos tradicionales. Es una cosa que tengo pendiente, volver a la raíz de Galicia y dedicarle un tema.

—Una de tus grandes bazas son las letras, en las que manifiestas sin pudor tus devaneos emocionales.

—Yo lo que intento es mostrar mis sentimientos. Hablo un poco de mi día a día, de como me siento, de las preocupaciones que tengo, de las dudas que tengo acerca de la vida, de como me veo a mí mismo, como veo al resto... No sé si lo consigo o no, pero yo me quedo muchísimo más a gusto después de escribirlas.

—En tus canciones hablas de amor y no de sexo, que es lo que hablan la mayoría de los músicos de tu generación.

—Sí, yo soy una persona bastante sensible y para mí el amor es la fuerza que debería mover el mundo, aunque en estos últimos años, por desgracia, no es el amor sino el odio. Intento centrarme mucho en el amor porque es con lo que la gente de mi edad más se puede identificar y con lo que peor lo suele pasar. Es un tema en el que me siento cómodo y en el que, por suerte o por desgracia, tengo experiencia. Así que si puedo aportar mi granito de arena...

—En otra de las canciones hablas de la resaca emocional y de las crisis de ansiedad, el gran mal que aqueja a vuestra generación. En tu caso, ¿la música te sirve de terapia?

—Sí, porque me hace sentirme realizado. Yo tengo problemas con la ansiedad y con el insomnio. No sé de dónde me surge pero sí que me suele azotar bastante. Estoy intentando combatirla como puedo y hacer canciones, la verdad es que me funciona bastante. Te puedo decir que después de hacer una canción igual echo dos semanas sin que me dé ningún ataque ni ninguna crisis. Para mí es como un escudo protector.

—«Si dejamos de ser niños, ¿de que vale soñar?» dices en una de tu canciones. ¿Te resistes a dejar de ser niño?

—Yo siempre digo que un artista es como un niño que sobrevivió. A mí me gusta mantener el niño que llevo dentro, más que nada para ver la vida con curiosidad, para que me haga explorar y disfrutar de mi entorno. Quedarme embobado, yo que sé, viendo una estrella fugaz o un animal... Esas pequeñas cosas que cuando eres niño las haces de manera innata y tanto las disfrutas. Ojalá ser niño toda la vida.

—Tu música se sitúa en la órbita del rock pero mantienes una estética muy urbana.

—Me gusta vestir moderno y me gusta también ir medio desnudo. Exhibirme, como para demostrar que no tengo nada que esconder. Me gusta mostrar mi torso con mis tatuajes, que son como mis cicatrices. Cada tatuaje es la huella de algo que me ha pasado o de un momento significativo de mi vida.

—¿A dónde quieres llegar? ¿Cuál es tu objetivo?

—Vivir de la música. Es lo que me llena y es lo que me hace feliz. Estoy luchando mucho para que eso suceda. A ver si hay suerte.