La sonrisa de Elías

Antolín Sánchez Presedo

BETANZOS

Elías Montero
Elías Montero Cedida

El exconcejal de Betanzos Elías Montero Agra falleció el domingo a los 91 años de edad

21 feb 2024 . Actualizado a las 14:53 h.

El pasado domingo Elías Montero Agra no fue a votar como era su costumbre. Esa madrugada, con 91 años recién cumplidos y tras un breve internamiento hospitalario, finalizó su estancia entre nosotros. Se fue al más allá y se hizo inmortal.

Elías pudo ser perfectamente el Balbino de la magistral Memorias dun neno labrego de Xosé Neira Vilas. Fue ese rapaz que, a principios de los cuarenta del siglo pasado, con nueve años cuidaba las vacas de dos aldeas del interior pontevedrés. Era el mayor de cinco hermanos y tenía que ayudar a sostener la economía familiar.

En aquella época se pasaba directamente de la niñez a la vida adulta. Para ganarse la vida el joven Elías dejó el campo por la construcción. Tuvo que salir de su tierra para trabajar como albañil en obras para postes de alta tensión por las montañas del norte de España.

A los 22 años se casó con María Enedina, el amor que lo acompañó toda su vida. En poco tiempo tuvieron dos hijos, María del Carmen y Delmiro. Por ellos emigró a Venezuela: primero solo y dos años después con su esposa dejando a los niños con los abuelos. España vivía tiempos muy duros, en la década de los sesenta emigraron más gallegos de los que nacieron.

Los años venezolanos fueron un tiempo de trabajo, ahorro y vida espartana. También de aprendizaje político: el fin de la dictadura de Pérez Jiménez, y las elecciones que llevaron al poder sucesivamente a dos socialdemócratas (Betancourt y Leoni) y a un socialcristiano (Caldera).

Cuando regresaron a España, a principios de los setenta, Elías construyó la casa familiar en una finca en las inmediaciones de la Iglesia de Nuestra Señora de A Angustia de Betanzos y se estableció como taxista. En poco tiempo el bajo de su casa se convirtió en el epicentro de la Asociación de Vecinos y él mismo en uno de los dirigentes más activos de una Agrupación de Taxistas que acabó integrándose en la UGT.

Comenzamos a tratarnos entonces. Conociendo su empuje, compromiso y al tanto de los problemas locales, le propuse formar parte de mi candidatura a las elecciones municipales de 1983 y después de la victoria electoral le situé al frente de la Delegación de Acción Rural del Gobierno Municipal.

Su primera iniciativa fue convocar a los vecinos para que eligieran libremente sus alcaldes de barrio e integrarlos en un Consejo de Acción Rural para trabajar de forma transparente y coordinada. Siempre me admiró su empeño en recuperar los viejos caminos reales y por convertir las corredoiras en caminos transitables que se ensanchasen sin necesidad de expropiación. Entre su legado puede contemplarse el hermoso espectáculo de las ramas de los árboles del Campo de Os Caneiros. 

Fue un hombre que tuvo la fortuna de conocer tres generaciones de descendientes. Sus ojos se encendían cuando sus nietos desfilaban en grupos folclóricos o tocaban la gaita. Disfrutaba enormemente de cultivar su huerta, elaborar Viño y desarrollar la apicultura.

La última etapa la desmemoria se hizo presente en su vida. Curiosamente este hombre de temperamento fuerte, tenso y orientado a la acción alcanzó entonces un espíritu apacible, tranquilo y sereno. No conservaba los recuerdos, pero sí los sentimientos. Como si quisiera cuidar a sus cuidadores y aliviar los esfuerzos de su yerno Claudio, iluminó su rostro con una sonrisa. Una sonrisa como la de Daniel en el pórtico de la Gloria. Dando por bueno su viaje en el umbral de la plenitud eterna. Con Dios amigo, volveremos a vernos.