La muerte se llevó a Janel, el voluntario con mayúsculas de Betanzos

Toni Silva BETANZOS

BETANZOS

Juan Manuel Pérez, Janel
Juan Manuel Pérez, Janel CÉSAR DELGADO

Miembro del Grumir local, tenía 54 años cuando este viernes sufrió un infarto rodeado de amigos

02 dic 2023 . Actualizado a las 10:46 h.

La muerte tiene sus propias leyes, incomprensibles para los mortales. Este viernes eligió a un hombre que debía gozar de muchos años más de vida. Porque José Manuel Pérez Muiños, para todos Janel, apenas tenía 54 años. Tampoco la muerte es sabia a la hora de señalar con su dedo terrible. Porque a Janel, víctima de un repentino infarto cuando disfrutaba de la compañía de un grupo de amigos, lo quería todo el mundo por su entrega a los demás. No es aquí una frase manida. Janel, trabajador del Grumir de Betanzos, llevaba 30 años como voluntario de Protección Civil. En el 2018 recibió la medalla al Mérito a la Constancia de esta formación a nivel autonómico por cumplir un cuarto de siglo en esta labor. También dejó huella en la Cruz Roja, donde ejerció de voluntario la etapa correspondiente al servicio militar. Como él se definía, «soy un voluntario pequeño pero pesado».

Janel realizó mil funciones en Betanzos. Se encargó del cementerio durante una etapa larga. Fue el conserje del conservatorio de música, un puesto que le incomodaba por su inacción, pero en el que se entretenía con los alumnos, con los que compartía juegos en su teléfono móvil. Desde cualquier vehículo naranja acostumbraba a llevar su ventanilla bajada, porque el saludo a los vecinos formaba parte de su profesión. También lo hacía cuando controlaba el tráfico en la entrada de los colegios, o acudía a la feria o a los grandes eventos de las fiestas como apoyo logístico. Su tiempo era para los demás. Y cuando se quitaba el uniforme, su hábitat era el coto de Chelo y otros ríos. Era un gran pescador, y su presidencia en la Sociedad de Pesca Río Mandeo llevó la paz cuando las aguas bajaban revueltas en esta entidad.

En una entrevista a La Voz de Galicia con motivo de su medalla al mérito, recordó los momentos más comprometidos de su carrera profesional, como las embestidas de la ciclogénesis Klaus. «Resulté herido y me pusieron grapas en la cabeza. Recuerdo que no había luz en el ambulatorio y el médico me cosió iluminándose con mi propia linterna. Y al día siguiente fui a trabajar en el cementerio», señaló. Pero su peor momento fue el rescate de los cuerpos de unos jóvenes que hacían barranquismo en Aranga a través de una cadena humana. Él estaba delante de la familia cuando reconocieron los cuerpos.

Se fue Janel, un vecino imprescindible, con el alma de voluntario desde niño, «cuando oía una sirena y me iba detrás de ella para ayudar». Betanzos amanece este sábado consternado porque Janel, en mayor o menor grado, formaba parte de la historia de todos. El viernes por la noche comenzaron a llorarle cuando se desplomó en la cantina de la estación de tren y la reanimación de las ambulancias perdía su batalla con la muerte y se llevaba a un voluntario con mayúsculas.