Rolando, el maestro cesteiro de Betanzos que aprendía de sus alumnos

El pasado fin de semana recibió el último adiós de sus amigos y su familia a los 73 años


Betanzos / La voz

A Rolando se le veía cada vez menos atravesar la Cruz Verde, una vía histórica de Betanzos que desemboca cerca de su casa. En los últimos meses, su ruta se reducía al supermercado, para abastecer la casa y seguir cuidando de su mujer.

Su barba le hacía visible desde muchos metros, incluso a pasar de la mascarilla. Era una barba de hombre sabio, la barba de un trabajador que, tras jubilarse como empleado en una compañía de telefonía, quiso hacer algo productivo con su tiempo libre. Y se cruzó con Manuel Lauda, uno de los mejores y más reconocidos cesteiros de la comunidad. Rolando fue su alumno y pronto maestro de muchos. Se volcó en la cestería y enseñaba con la misma flexibilidad con la que movía esas médulas de junco que doblaba con su manos, también sabias. Dedicar al tiempo a cultivar a otros para él tenía premio. «Yo aprendo mucho de mis alumnos», aseveraba. Se fue Rolando de forma discreta, pero en nuestros hogares siguen repartidas sus pequeñas obras de arte. Los mimbres de un hombre sabio.

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